14 febrero 2013

EL ECO DEL FILÓSOFO

Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad, dice el general Máximo a sus hombres antes de la batalla en la película “Gladiator”. Hermoso, pero discutible. Como mucho, lo que hacemos en esta vida tiene su eco en la tele. Por ejemplo, lo que hizo y dijo el filósofo Eugenio Trías tuvo su eco en “Pienso, luego existo”, el programa de La 2 en el que un puñado de filósofos hablan (no necesariamente de neurología), reflexionan (no necesariamente sobre sí mismos) y repasan su obra (no necesariamente centrada en los libros de autoayuda). Eugenio Trías salía poco en la tele porque la tele no puede perder el tiempo con tonterías acerca del límite, lo bello y lo siniestro. Donde estén escritores como Jorge Javier Vázquez y Risto Mejide, que se quiten esos pesados que escriben ensayos deslumbrantes sobre la película “Vértigo”.

La muerte de Eugenio Trías fue noticia de telediario, y eso ya es noticia. Pero sólo La 2 rindió a Trías el homenaje que se merecía. En “Pienso, luego existo”, el filósofo barcelonés habló (con la boca y con las manos) de filosofía, de música y de cine. Decía Wittgenstein, otro filósofo, que lo místico no es cómo es el mundo, sino que el mundo sea. Escuchar el eco de Trías en la tele casi de madrugada no es una experiencia mística, lo místico es que todavía sea posible que una cadena televisiva permita que tipos (y tipas) como Trías, Lledó o Valcárcel hablen de asuntos que, aunque directamente no tienen nada que ver con la crisis o con la prima de riesgo, no nos son ajenos. La vida en el mundo televisivo es tan dura como la vida de los legionarios de Máximo en los bosques de la lejana y fría Germania, pero La 2 siempre tiene sitio para las reflexiones de Marco Aurelio.

Marco Aurelio cumplió con su deber como emperador en los bosques de Germania y con su deber como filósofo en su estudio de campaña. La 2 también debe cumplir con su deber y luchar en los bosques de la audiencia, pero sin renunciar a hacerse eco de lo que algunos han hecho en la vida.