14 diciembre 2013

"ZAPEANDO" FUNCIONA

“Zapeando” me indigna. No porque sea un mal programa, porque me caigan mal los invitados  o porque los contenidos que entresaca en su revista de la programación diaria me parezcan aburridos. De hecho es al revés: me parece un programa correcto, los contertulios permanentes y temporales consiguen mantener un tono divertido durante todo el espacio y los clips que se nos ofrecen tampoco desmerecen del conjunto que presenta Frank Blanco. El motivo de mi indignación con “Zapeando” es que no consigo que se me ocurra ninguna crítica ingeniosa sobre él. No le veo la relación con ningún mito grecolatino, no hay forma de ilustrar metafóricamente ningún proceso médico. No tiene nada que ver con la máquina de Turing, ni con el blues, ni con la homeopatía.

Es la pesadilla de un crítico: que un estreno no sea ni demasiado bueno ni demasiado malo. Tras ver su primera entrega me senté ante el ordenador y escribí “‘Zapeando’ funciona”. Una hora más tarde sólo había añadido un punto y seguido a esa frase. Decidí dejar la columna para otro día y hacer algo sobre “Cuarto milenio”, “El tiempo entre costuras” o lo que fuera. Al día siguiente, lo mismo. “‘Zapeando’ funciona”. Y al siguiente, igual. Pasaron un, dos, tres, cuatro, cinco, seis programas y se empezó a hablar de su posible cancelación por falta de audiencia. “‘Zapeando’ funciona”. Ya, ¿y qué? Empecé a obsesionarme: tenía que convertir esas dos palabras en dos párrafos que resaltaran lo que de bueno o de malo nos estaba ofreciendo La Sexta.

Hasta que hoy, por fin, me rendí. Y comprendí, indignado, lo que estaba pasando: el problema de un programa que reduce la programación de televisión a fragmentos de cuarenta segundos es que su crítica también cabe en dos palabras: “Zapeando” funciona. Sin más. Y eso no basta en la televisión actual ni en la crítica televisiva actual. Cientos de horas de televisión caben en hora y media de televisión, y esta columna cabe en el título de esta columna.