02 diciembre 2013

A POR ELLOS, OÉ


Venga, carroñeros, echadle huevos. Se abre la veda. Un montón de asesinos, terroristas, pederastas y violadores están quedando libres gracias a la anulación de la doctrina Parot. El que los coja, para él. Se pueden hacer entrevistas y se pueden hacer reportajes. Se les puede someter al polígrafo en directo y se les puede someter al examen de expertos sin escrúpulos. Es como el sanmartín: si se hace bien, del cerdo se aprovecha todo. Y si se consigue una exclusiva, ay, entonces sí que queda rica la pitanza. Pero para eso hay que andar listo. Como hizo el viernes Cuarzo, la productora de televisión fundada por Ana Rosa Quintana, con Ricart, el asesino de Alcàsser.

Cuando el viernes este tipo salió de la cárcel, muchos medios revolotearon a su alrededor, pero solo uno pulsó los resortes adecuados. Dos reporteras de “El programa de Ana Rosa” cobraron la presa y la ocultaron en su madriguera. Olé. Así pueden repartir tranquilos los bocados entre los programas de la productora. Tiene que dar para el matinal de la jefa y para el “Se enciende la noche” de Jordi González, a ver si termina de arrancar. Incluso pueden echarse unas vísceras a “Cuarto milenio”: algo se le ocurrirá a Fríker mezclando a Hipócrates con Erich von Däniken.

Algunos estúpidos pondremos el grito en el cielo y pediremos el boicot a una forma de hacer televisión que da asco. Da igual. La tele ya no es aquella aprendiz mojigata de hace veinte años, cuando ocurrieron los crímenes de Alcàsser. Ahora asume que quien quiera tortilla debe romper huevos. Si no lo hago yo, lo hará otro, así que mejor lo hago yo. Es supervivencia, tíos. Si hay que rendir pleitesía a un desgraciado, se le rinde. Si hay que recibirle en el plató como Roma recibió a Liz Taylor en “Cleopatra”, se le recibe. Y si hay que ponerle un piso para que el negocio pueda disponer de él cuando tenga un calentón, se le pone. Que no me entere yo de que esa miseria humana pasa hambre. El éxito nunca fue de los cobardes. Ricart es solo uno, pero hay más. A por ellos, que son muchos y rentables.