17 enero 2014

VIVA GERARDO


Me declaro públicamente un ferviente defensor de los antipremios. Vivan los premios Ig Nobel, otorgados a las investigaciones científicas más chorras del año. Vivan los premios Razzies, ese reverso tenebroso de los Oscars que distingue lo peor en todas las áreas del arte cinematográfico. Y vivan, vivan y vivan por siempre los recién llegados “premios Gerardo”, entregados por primera vez en nuestro país el pasado miércoles, y dedicados a señalar con el dedo índice las cositas más feas que han tenido lugar en el mundo televisivo durante el último año. Peor presentador: Pablo Motos. Aleluya. Peor presentadora: Mariló Montero. Pues claro que sí. Fracaso televisivo del año: Mongolia sobre ruedas, de Mercedes Milá. Es justo y necesario. Peor reality show: We love Tamara, sobre Tamara Falcó. Obviamente.

¿De verdad quieren elegir un Parlamento que represente la voluntad de la ciudadanía? Hagan unas elecciones en donde la gente vote al partido que menos quiera que gobierne, y después denle el gobierno al partido menos votado. ¿Quieren medir con verdadero rigor las audiencias de los programas de televisión? Olvídense de registrar qué está viendo cada espectador en cada momento e inventen audímetros que permitan conocer qué porcentaje de espectadores no ven nunca determinados programas. Hace tiempo que las antipatías son motores más poderosos que las simpatías. El odio ha vencido al amor y la televisión pone a diario su granito de arena para ello.

Gerardo al contertulio en programas de actualidad con las ideas más asquerosas: Salvador Sostres. Gerardo a la señora teñida de rubio que no conoce nada la actualidad: Rosa Benito. Gerardo al peor programa informativo: Telenoticias 2, de Telemadrid. Gerardo al peor programa pseudomusical: Uno de los nuestros. Si hace años que la televisión promociona y patrocina lo peor en cada ámbito de la realidad de la que se ocupa, ¿no es adecuado que los premios del gremio de la tele también destaquen lo peor que se realiza en cada ámbito? Viva Gerardo.