22 enero 2014

LAURA EN NEGRO

La inspectora Laura Lebrel de “Los misterios de Laura” (TVE) es una mezcla entre Jessica Fletcher, la escritora metomentodo de “Se ha escrito un crimen”, y Colombo, el inolvidable detective de homicidios de la policía de Los Ángeles al que todos los malos toman por tonto. Los casos de la inspectora Lebrel tienen el encanto de la sencillez, pero me gustaría ver a Laura intentando poner en apuros a los duros mafiosos de “Mob City” (TNT).

La serie “Mob city” no copia, sino que rinde homenaje al cine negro y a la novela negra. Detectives impasibles. Mujeres misteriosas. Callejones oscuros. Malos sin matices. Negros que tocan la trompeta. Blancos que son achicharrados a tiros en un restaurante italiano. Whisky. Diálogos secos como la garganta de un náufrago. Corrupción. Chantajes. Policías incorruptibles. Mafiosos impecablemente vestidos. Mucha amargura. Mucha noche. Mucho humo. En “Mob city” no sale Gloria Grahame reprochando a Glenn Ford que sea tan romántico como un par de grilletes, pero sí tenemos a la fascinante Jasmine interpretada por Alexa Davalos. Y, a falta de un Lee Marvin, tenemos a Robert Knepper, el actor que interpretó al psicópata y pedófilo T-Bag en “Prison Brek”. ¿Qué pintaría Laura Lebrel en una serie como “Mob City”? ¿Qué tienen que ver los misterios de Laura con las calles de Los Ángeles en los años 40 del pasado siglo? Más de lo que parece. Peter Griffin dice en un capítulo de “Padre de familia” que el Big Bang fue producido por un pedo de Dios mientras echaba un pulso con su compañero de piso, una idea que jamás se le habría ocurrido a Stephen Hawking. “Mob City” necesita heroínas con nuevas ideas, del mismo modo que el conocimiento del universo necesita nuevos héroes de la física que se atrevan a teorizar acerca de pedos divinos.

Puede que Peter Griffin nunca gane el Premio Nobel de Física, pero estoy seguro de que Laura Lebrel sabría luchar contra el crimen organizado, ese Big Bang producido por un pedo del capitalismo mientras echaba un pulso consigo mismo y que, como los agujeros negros según Hawking, emite suficiente radiación como para mantener ocupada a la policía de Los Ángeles y a los guionistas televisivos.