25 mayo 2015

LA QUE SE AVECINA

La gran fiesta de la democracia es el gran infierno de los críticos televisivos. El día en el que toda la ciudadanía acude gozosa a expresar democráticamente su voluntad es el día en el que los que escribimos sobre televisión con un día de retraso sabemos que tenemos la columna definitivamente perdida. Sin necesidad de que intervenga el Ministerio del Tiempo, las veinticuatro horas que separan al lector del escritor parecen veinticuatro meses. El lector ya sabe el resultado de las elecciones en Madrid, en Barcelona, en su pueblo o ciudad. Ya le ha visto la cara a Esperanza Aguirre en los especiales informativos que todas las cadenas programan durante la noche electoral. Ya ha visto en fascinantes infografías llenas de colorines hasta qué punto han emergido las fuerzas emergentes. El escritor sólo sabe que la jornada está transcurriendo con normalidad.

¿Qué podemos hacer? Podemos ignorar el tema de las elecciones y escribir una columna divertidísima sobre la espantosa última campaña publicitaria “La vida es chula” de Desigual, o jugar con la palabra “fofisano”, o saludar al “Pekín Express” que comienza esta noche. Pero es obvio que al lector estas cuestiones hoy le importan un rábano. Podemos escribir una columna sobre la cobertura de las elecciones llena de frases ambiguas, sin referirnos en ningún momento a su resultado, con afirmaciones grandiluentes que finjan ofrecer alguna clave fundamental que a nadie se le ocurrió. Pero es obvio que, con el follón de pactos y aritméticas que se avecinan, una columna así tiene hoy tanto interés como una columna sobre los motivos del fracaso de Edurne en Eurovisión.

Salvo que... ¡claro! Puedo escribir una columna jugando con el título de “La que se avecina” en relación con los resultados electorales. Hayan salido los que hayan salido, seguro que “La que se avecina” encaja a la perfección. Pero esta idea sola no me da para toda la columna. Tengo que buscar la forma de ponerle una larga introducción...