13 mayo 2015

TEMPLARIOS Y ZAPATISTAS


Es inquietante imaginar lo que Iker Jiménez y su dañino “Cuarto Milenio” podría haber hecho con una serie documental titulada “Templarios”. Por fortuna, los seis capítulos de la serie “Templarios” emitida en La 2 que explican, con la profunda voz de un narrador o con las autorizadas voces de prestigiosos historiadores, la historia de la Orden del Temple, huyen como de la peste de la barbarie esotérica y se centran en los hechos que, como siempre, son mucho más interesantes que las bobadas inventadas. La Orden del Temple se ha convertido en un mito muy rentable y prácticamente inagotable en el que todo vale. Como dice Umberto Eco, no hay nada más fácil que encontrar un libro sobre los templarios; el único inconveniente es que en el noventa por ciento de los casos se trata de fábulas sin fundamento. La única forma de saber si un libro sobre los templarios es serio es comprobar si termina en 1314, fecha en que su Gran Maestre fue quemado en la hoguera. La Orden como tal fue disuelta en el siglo XIV. Punto. Eco admite que desde ese momento, y como nadie detenta ya el copyright, cualquiera tiene derecho a refundar el Temple, lo mismo que cualquiera puede declararse sacerdote de Isis y Osiris, dejando totalmente indiferente al Gobierno egipcio. La serie documental “Templarios” no se ocupa de lo que le interesaría a “Cuarto Milenio” dejando indiferente al Vaticano, por eso merece la pena.

La rentable asociación de los templarios con el ocultismo es un invento del siglo XVIII, cuatro siglos después de la disolución de la Orden. “Templarios” se olvida del ocultismo, analiza hechos históricos, en especial la influencia templaria en la península ibérica, y presta atención a personajes fascinantes como Hugo de Payns, primer Maestre y fundador de la Orden del Temple, Alfonso Henriques, fundador de la monarquía portuguesa, y el gran san Bernardo de Claraval, redactor de la regla templaria. Y, sobre todo, los protagonistas de “Templarios” son los caballeros templarios, cuya divisa “Nada para nosotros, Señor, sino para dar gloria a tu nombre” recuerda la divisa zapatista: “Para todos, todo; para nosotros, nada”. Pero desde la Jerusalén ensangrentada a la Selva Lacandona hay un largo y tortuoso camino. Los zapatistas no son templarios, entre otras cosas porque no estarían dispuestos a dar sus vidas por un sepulcro vacío. Pero eso es otra historia. Otro documental.