27 mayo 2015

LORCA, HOMERO Y LA VESPA

Hacía mucho tiempo que no veía “Caro diario” (TCM), la película de Nanni Moretti que, en tres deliciosos episodios, habla de Roma, de la televisión y de los médicos. Mi episodio favorito es el primero, titulado “En mi Vespa”. Lo siento, pero se lo voy a destripar. En “En mi Vespa”, el propio Moretti pasea en Vespa por Roma en el mes de agosto y, mientras va de acá para allá, reflexiona sobre la ciudad, se ríe de la crítica cinematográfica, busca a Jennifer Beals y pretende hacer una comedia musical con un pastelero trotskista. Al final del episodio, Moretti viaja en su Vespa hasta el lugar donde fue asesinado Pier Paolo Pasolini. Me quedo con la frase con la que Moretti inicia su viaje iniciático y catártico de poco más de cinco minutos: “No sé por qué nunca he estado en el sitio en el que mataron a Pasolini”.

Propongo a Canal Viajar una idea para una serie documental basada en el viaje en Vespa de Nanni Moretti hasta el lugar en el que mataron a Pasolini. Se podría titular “No sé por qué nunca he estado ahí”, y cada episodio de cinco minutos llevaría a los espectadores en Vespa hasta el lugar donde murió, o dicen que murió, uno de los nuestros. No hablo de Napoléon, ni de Isabel la Católica, ni de Kennedy, ni de Alejando Magno, ni de Cleopatra, ni de Pedro el Grande, ni de Hitler, ni del archiduque Francisco Fernando de Austria. Hablo, por ejemplo, de Federico García Lorca. No sé por qué muchos de nosotros no hemos estado nunca en el sitio en que mataron a Lorca, así que un paseo en Vespa por el camino que va de Víznar a Alfacar puede ayudarnos a entender mejor cómo somos, cómo podríamos ser mejores personas y cómo fue posible tanto horror. Hablo de Homero, como contrapunto a Lorca. Siendo Homero uno de los nuestros, no sabemos dónde nació ni dónde murió, y ni siquiera estamos seguros de que hubo un poeta llamado Homero que escribió los inmortales versos de la “Ilíada” y la “Odisea”; pero por qué no disfrutar de un paseo en Vespa por la isla de Quíos, o por la bella Esmirna, o por la minúscula y mágica Ítaca, o por cualquiera de los lugares que afirman ser la patria de Homero. No sé por qué nunca he estado en el lugar en el que mataron a Lorca, y no sé por qué nunca he estado en el sitio en que murió Homero, pero me gustaría que me llevaran hasta allí en Vespa.