29 junio 2015

CINCO MINUTOS DE MÁS ALLÁ


El ruido y la furia se apoderan de los telediarios. Renuncio a entender a los tipos que, en nombre de no sé qué o de no sé quién, han asesinado a turistas que disfrutaban de las playas de Túnez, fieles que rezaban en una mezquita y un hombre que ni tomaba el sol ni rezaba, sino que estaba en una planta de gas en Lyon. Qué absurdo. Qué desquiciada sin razón que mezcla playas, mezquitas y plantas de gas. Podemos intentar comprender lo que sucedió en el búnker de la cancillería en los últimos días de Hitler (“El hundimiento”, La 2) o las causas por las que la selección brasileña de fútbol (Copa América, Canal +) sigue siendo la selección brasileña de fútbol cuando no queda nada de aquella selección de la que un día, hace mucho tiempo, todos nos enamoramos. Pero, ¿cómo entender el terrorismo de playa, de mezquita y de planta de gas? Es imposible. Por eso hay que pasar a la acción.

El hombre, como dice Manuel Vicent, es una breve aventura química sin sentido. Una aventura, eso sí, emocionante, pero que muere con la muerte. No creo que haya un Más Allá. No creo que haya un cielo ni un infierno, solo seres humanos que nacen y mueren en este Más Acá nuestro de cada día. Y, si pudiera elegir, no elegiría un cielo o un infierno: elegiría la muerte lúcida dejando tras de mí un mundo mejor que el que hubiera sido si yo no hubiera existido. Elegiría, eso sí, un Más Allá de cinco minutos, solo cinco minutos. Un mini Más Allá meramente testimonial donde poder decir a todos los fanáticos y chalados de la historia: “Os equivocasteis, mamarrachos. No hay nada. ¿Y ahora, qué?”. Sólo cinco minutitos para ver las caras de los que despreciaron el acá en favor del allá. Cinco minutejos para que los asesinos de playa, de mezquita y de planta de gas entendieran la enormidad de su error y se fueran a la nada eterna con el gesto que les queda a los idiotas cuando comprenden que son idiotas. El ruido y la furia del fanatismo nos obliga a tomar esta desagradable decisión: exigimos cinco minutos de Más Allá para los gilipollas. Por lo demás, ante todo mucha calma en las playas, en las mezquitas, en las plantas de gas y en las cabezas de todos los que sienten que, a pesar de la ola de calor, los telediarios hielan el corazón.