26 junio 2015

LA TERTULIA DEL FIN DEL MUNDO


En “El restaurante del fin del mundo”, la segunda mejor novela humorística de ciencia ficción que se pueden leer en nuestro planeta, Douglas Adams describe uno de los lugares más turbios del universo: un extraño restaurante que ofrece en cada cena un fascinante espectáculo a todos los comensales. El local posee la capacidad de viajar en el tiempo, de forma que cada noche adelanta quinientos setenta y seis mil millones de años y se acerca al momento del fin del mundo, al instante preciso en el que todo el cosmos colapsará y desaparecerá para siempre. A través de las gigantes cristaleras del restaurante los clientes contemplan cómo comienza a ocurrir el mismísimo apocalipsis mientras apuran sus postres o sus chupitos. Hasta que en el último segundo, justo cuando se va a consumar irreversiblemente el fin de todo, el operario del restaurante acciona la maquinaria necesaria para que el local regrese al momento presente entre los aplausos de la clientela. Y así todas y cada una de las noches.

Desde hace una semana cada informativo se ha convertido en el informativo del fin del mundo. Cada entrevista es la entrevista del fin del mundo. Por concretar en un único espacio, la tertulia nocturna que nos ofrece el canal 24 Horas de Televisión Española ha sido lunes, martes, miércoles -y apuesto a que también ayer jueves- la Tertulia del Fin del Mundo, un restaurante de comida griega en el que los tertulianos hacen viajar a los espectadores al fin de la cultura occidental, de Europa, de la moneda común, de la vida, del universo y de todo lo demás. Dirigidos por el chef Sergio Martín, “La noche en 24h” es un buffet libre que mezcla aromas de souvlaki y dolmadakia con palabras de sabor helénico como “siriza” o “varoufakis”, y que se cronotransporta constantemente al armageddon total para, justo en el último momento, echar el freno y devolver a la audiencia al tiempo actual. No les contaré lo que le ocurre al mundo, al fin del mundo y al restaurante del fin del mundo en la novela de Adams, pero sí me gustaría destacar que Martín tiene mucha, pero mucha mucha mucha menos gracia que Ford Prefect.