25 enero 2013

IMPOSIBLE EXPEDICIÓN


Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. Como un programa de viajes en el que lo importante son los viajeros, no los lugares que recorre; como un programa donde los viajeros son protagonistas porque son famosos, no por su competencia como cicerones; como “Expedición imposible”, un programa que tiene nombre de expedición que no es una expedición porque no puede ser y además es imposible.

La cadena Cuatro nació en 2005, o sea, en el año 5 del siglo primero después de “Gran hermano”. Nació sin realities (aunque no sin pecado original; ahí está y ahí sigue “Cuarto milenio”). Después, cuando comenzó a emitir “Pekín express”, este era fundamentalmente un programa de viajes. El “proceso de telecincación” que sufre la cadena desde su integración en Mediaset ha llevado a esto: dicen que el heredero de “Pekín express” es ahora “Expedición imposible”, pero es mentira. Marruecos es en él solo un pretexto, un escenario lo suficientemente exótico pero cercano y económico como para mandar allí a Leticia Sabater y Raquel Mosquera a mover el culo y a desquiciar, cada una según sus posibilidades, de forma que la máquina infernal disponga de cotilleos según sus necesidades.

Da igual que encierren a los famosos participantes de un reality en una casa videovigilada, una casona asturiana echada a perder, una isla desierta abarrotada, una estación espacial internacional en órbita geoestacionaria o que los dejen sueltos en medio de Sahel. Da igual que los lleven a vivir una vida pirata en el Caribe, una vida superficial en Honduras o una vida errante deambulando alrededor de sus ombligos. El interés que pueden tener estos personajes es nulo. Salir en su búsqueda organizando una expedición de mentirijillas en otoño y grabarlo todo para que nosotros tengamos el valor de ver el montaje en invierno no puede ser.  Y lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.