12 enero 2013

ONTOLOGÍA

Para un trabajo de su asignatura de “Filosofía” me pregunta mi hija por la diferencia entre “realidad” y “apariencia”. Yo, obviamente, sólo sé que no sé nada, pero como me pilla mirando datos de audiencia recientes de varios programas le ilustro mi ignorancia con algunos ejemplos. “Mira, Arguiñano parece no ser visto por nadie, no se comenta, no provoca escándalos, ninguna cadena lo contraprograma, y, sin embargo, realmente es uno de los programas más vistos de la historia de nuestra televisión, con décadas de éxito estable y niveles de share siempre cercanos a un 20% que no consiguen ni siquiera supuestos bombazos como ‘Sálvame’. Y a todos nos parece que Ana Rosa tiene más espectadores que ‘Saber y ganar’, cuando en realidad el concurso de Jordi Hurtado registra todos los días tres veces más seguidores que los fieles a la mañana de Telecinco. ¿Lo entiendes, risueña, siempre complaciente y nada problemática adolescente?”.

Ella asiente, parece interesada y me vengo arriba completamente envalentonado. Me levanto. Mi mirada se pierde a través de la ventana. “Cabría ahora preguntarse si es más cierta la realidad o la apariencia. ¿Conoces una teleserie llamada ‘Bandolera’? ¿A que no? Termina su emisión estos días después de dos años siendo emitida por Antena 3, y ha conseguido más o menos un millón de espectadores todos los días. Y pasa lo mismo con “El secreto de Puente Viejo”, la teleserie que se programa a continuación. Millón y medio de seguidores. Para ti no existe, pero existe para Dios, es decir, para los publicistas”. Interpreto el silencio de mi hija como muestra de su fascinación ante mis palabras y prosigo sin separar mi vista del infinito. “El papel que cumple Dios en la ontología clásica es un trasunto casi perfecto de la relación que mantiene la publicidad con las cadenas de televisión en el sentido de...”. Profundamente concentrado, buscando la forma perfecta de rematar mi argumento, mi mirada vuelve a mi hija. La veo atendiendo a su smartphone y se lo arrebato de las manos. Estaba escribiendo a una amiga “ola k ase”.