29 enero 2013

MUERTO: ESTÁS MUERTO


Hay una parte en las películas de los Hermanos Marx que un niño no entiende: por qué en los momentos más entretenidos (que son todos) se ponen a tocar una canción sin venir a cuento. Cuando uno se hace mayor este desconcertante acontecimiento es sustituido por otro: en cualquier momento de cualquier película o serie, entretenido o no, se ponen a hablar de armas, de su manejo, de sus prestaciones. Como si entendiéramos lo que están diciendo. Como si fueran vendedores de coches hablando de mecánica en un concesionario. Como si fueran Sheldon Cooper defendiendo en “The big bang theory” la teoría de cuerdas como modelo fundamental de la física contra la de la gravedad cuántica de bucles. Igual.

Es un hecho: a los estadounidenses les gustan las armas. Sus series y películas no están hechas pensando en el resto del mundo, sino en su propio mercado, así que hablan de armas como un británico puede hablar del tiempo. También las usan, claro, tanto como un británico el paraguas. Hoy se sabe que durante años el lobby del tabaco presionó y pagó en Hollywood para que aumentara la presencia de fumadores en la pantalla. ¿Hará lo mismo la Asociación Nacional del Rifle para que las armas ganen protagonismo? No lo sé pero hay veces que lo parece. Y, lo siento, pero hay momentos en que “The walking dead” parece un publirreportaje.

En “The walking dead”, los muertos andantes no son importantes en la misma medida en que en las viejas películas del oeste los indios no son importantes. Solo son dianas andantes, un problema que infesta el territorio dificultando la supervivencia y añadiendo emoción a las aventuras de los protagonistas. Los realmente importantes son los vaqueros, su lucha por la supervivencia y sus armas. Porque en un mundo individualista en el que no hay Estado y cada uno es su propio ejército, en primer término siempre están las armas, su manejo y sus prestaciones. ¡Bang! “¡Muerto: estás muerto!”.