22 enero 2013

TU CARA ME GUSTA


Salgo del armario: me gusta “Tu cara me suena”. No atravieso la ciudad corriendo para evitar perderme un minuto de TCMS como sí hago/hice/haré con “Homeland”. Cuando se emite TCMS no descuelgo el teléfono y desinstalo el whatsapp como hice la semana pasada cuando La 2 emitió un “Crónicas” sobre la Alhambra que me llenó la casa de jazmines y matemáticas. Si Sandra Sabatés me llama para salir a cenar un día en el que TCM emite “Sin perdón” a las diez de la noche, me disculpo atentamente y le sugiero otra fecha; si Sandra Sabatés me llama para salir a cenar un lunes que Antena 3 programa TCMS acepto más rápido y más nervioso que Howard Wolowitz si le invitara a cenar Penny en las primeras temporadas de “Big bang theory”, -eh... Sandra... si estás leyendo esto... no es más que un recurso retórico; podemos salir a cenar el día que quieras-. Y aun así, TCMS me gusta. No pasará delante de mis ojos cuando antes de mi muerte toda mi vida se condense en un minuto. Pero TCMS, qué carajo, me gusta.

Ver a Arturo Valls mejorar el “Starman” de David Bowie es divertido. Santiago Segura haciendo de Fofito o de Víctor Manuel es divertido. Anna Simon imitando a Amaia Montero o Roko imitando a Paloma San Basilio son divertidas. Las caracterizaciones son espectaculares. Los concursantes saben dar el juego de humor que un programa así requiere. Manel Fuentes cumple. Incluso el jurado cumple -vale, sí, Ángel Llácer es insoportable, de acuerdo, no estoy diciendo que el programa sea perfecto-. Empujados por la inercia del bajísimo nivel del entretenimiento en televisión durante décadas, tendemos a sospechar de cualquier programa de colorines basado en un concurso sencillo y un humor accesible, pero TCMS merece ser visto sin prejuicios y ganas de pasar el rato al final del día. Zapeas y te encuentras con Arturo Valls imitando a Bertín Osborne. Entra ella en la salita, lo ve y te pregunta: “¿Pero te gusta ‘Tu cara me suena’?”. Sales del armario: la miras con ojos de confesión existencial y contestas “sí”.