07 junio 2013

DURANTECUELA


Una secuela nos cuenta una historia posterior a otra historia principal. Una precuela nos cuenta una historia anterior a otra historia principal. En este momento declaro oficialmente creado un nuevo concepto: la “durantecuela”. No es ni una secuela ni una precuela. Una durantecuela nos cuenta una historia simultánea a otra historia principal. “The Office” acaba de emitir estos días en los EE. UU. su capítulo final de su temporada final. Descartado algún spin-off tentativo, como el de Dwight Schrute -mejor secundario ever en una serie de televisión ex aequo con Niles Crane-, parece claro que “The Office” no necesita urgentemente una secuela ni una precuela. Es evidente que hay que empezar a rodar inmediatamente su durantecuela.

En la eterna disputa entre los que defienden la supremacía del “The Office” británico de Ricky Gervais y los que defienden que el “The Office” norteamericano de Steve Carell consiguió mejorar la excelente fórmula del original, los segundos poseen un importante argumento a favor: dada la duración de la serie de la BBC, Gervais tan sólo pudo desarrollar con suficiente nitidez dos personajes, mientras que la extensión del formato en la NBC permitió a los guionistas crear ¡dieciséis! tipejos humanos, cada uno con extraordinaria potencialidad cómica dentro del contexto de la empresa papelera Dunder Mifflin. Ya no se trata de que “The Office” pudiera morir dando lugar a quince spin-offs. Se trata de que durante la acción de cada uno de sus capítulos -en donde pueden estar implicados cinco, siete, nueve personajes- podría estar ocurriendo simultáneamente otra trama delirante con los once, nueve, siete personajes restantes.

Hay que volver a rodar enteritos los 201 capítulos de “The Office”, pero pidiendo a los cámaras del supuesto documental que enfoquen sus objetivos a otras mesas de la oficina. “The Office II”, nueve años más de divertidísima vergüenza ajena gracias a un nuevo concepto: “durantecuela”, recuerden este término.