18 octubre 2013

LA MONJA QUE MECE LA CUNA


Así fue “Niños robados”: todo mentira. Es la forma más rápida de dar cuenta de la miniserie que estrenó Telecinco anteanoche. Ya se sabe que estos telefilmes españoles basados en casos periodísticos de relumbrón o en personajes famosos de relumbrón son una forma de entretener a la audiencia con un bonito cuento que no se atiene a los hechos porque lo que interesa es que también la historia sea de relumbrón.

A ver, habrá quien diga que “Niños robados” es una TV movie con una calidad que está muy por encima de lo que por desgracia nos tiene acostumbrados en este género. Es cierto, pero ese era también su peligro porque uno corría el peligro de quedar mirando boquiabierto las cosas que es capaz de hacer Telecinco y no darse cuenta de las mentiras y engaños que encierra el producto: en realidad, la monja acusada del robo de niños se llamaba sor María y no sor Eulalia, ese color azul del uniforme de las monjas no lo usó nunca ninguna congregación religiosa, el pliegue de las cofias no se recogía exactamente así en la zona de la sien, la cajita de música que ponen al bebé estaba repintada en un color que no era el original, el modelo de bolígrafo con el que firman uno de los talones de pago por el bebé comprado no existía en aquella época, el parachoques del  Seat 124 que hace de taxi es un añadido posterior, el corte de pelo de una de las madres solteras engañadas no se llevaba entonces y Emilio Gutiérrez Caba no se parece al médico de la trama que robaba bebés. Y no sigo por no aburrirles.

Pero también hay que ser honrados y reconocer que todo es falso… excepto algunas cosas. La superioridad del poderoso sobre el débil era real, el engreimiento de quien da lecciones en nombre de Dios era real, la gran impunidad que conlleva poseer un gran poder era real. Y, no me fastidien, pero la mirada de Blanca Portillo interpretando a la monja que mece la cuna era real.