03 octubre 2013

CARROÑA MACROBIÓTICA


A ver por qué no se va a poder cortar la carne putrefacta con el mismo mimo que se corta la verdura fresca. Solo hay que tomar la precaución de usar una tabla diferente, distintos cuchillos y no mezclar una cosa con la otra. No lo digo por la higiene, qué tontería, lo digo porque cuando se trata de comida macrobiótica hay evitar que la energía de unos alimentos interfiera en la energía de otros y se desequilibren los platos por las malas vibraciones, no sé si me explico. Si hay peligro al mezclar diferentes verduras durante su preparación porque unas son más yin y otras son más yang, cómo no va a haberlo al mezclar verdura y carne, que seguramente una es yin que lo flipas -qué sé yo cuál- si la comparas con la otra -la que sea- que será yang que te cagas.

Así que a lo que íbamos: la carne putrefacta se puede cortar con mimo para que resulte más agradable, nos transmita su energía, su equilibrio, sus vibraciones y, en fin, nos haga felices. Porque no se trata de comer carroña de cualquier manera, de engullir sin más ni más como si fuéramos animales salvajes, se trata de preparar los platos macrobióticos como su sagrada doctrina manda. Y como a su vez los alimentos se pueden cortar de diferentes maneras para que sean más yin o más yang (sí: manda huevos), habrá que preparar la carroña en rodajas grandes, picado fino, tiras largas, láminas transversales, cubos simétricos, medias lunas, cuartos crecientes, palillos iguales, virutas mínimas o de forma irregular rotando la pieza 90 grados tras cada corte.

Y esto explica el esfuerzo que hicieron Antena 3 y Telecinco el martes por la noche al dedicarle sendos programas especiales al caso Asunta. Parecía que estaban sirviendo la misma mierda en el mismo plato a los mismos espectadores miserables, pero no. Como ya hacen en sus respectivos magacines matinales, abordaron la miseria humana con un corte más de esta manera o más de esta otra para que el público más exigente coma armonizando energía yin y yang hasta alcanzar un equilibrio luminoso y feliz que da ganas de potar.