10 julio 2014

BELÉN ESTEBAN, DIOSA MONSTRUOSA


Belén Esteban asciende a los cielos. Si Letizia de princesa pasó a reina, ella de princesa pasó a diosa. Y está encantada.

Para celebrar el quinto aniversario de “Sálvame”, el programa encargó una foto de sus colaboradores a Ouka Leele, quien, inspirándose en Bollywood y la inconografía hindú, decidió presentar a la Esteban como una diosa de seis brazos. Tantos brazos desconcertaron a la de San Blas, pero quedó encantada cuando le dijeron que era una diosa.

En “Los dioses de la ruta del incienso”, el filósofo Vicente Domínguez estudia la figura de Evémero de Mesene, quien hace más de dos mil años pretendía hacer creer que determinados hombres no son hombres sino dioses de paso por la Tierra. Pero no lo hacía como un ejercicio erudición, ni siquiera para divertir, sorprender o epatar al personal que se aburría por las tardes, sino con una finalidad política inmediata: fundamentar la divinidad de la dinastía de los Ptolomeos, faraones de Egipto.

Ouka Leele no pretenderá fundamentar la divinidad de una nueva dinastía, pero juega con fuego. Como explica Dominguez magistralmente, Platón dejó claro que los dioses no pueden ser monstruos malvados como lo son los colaboradores de “Sálvame” o los terribles dioses olímpicos griegos que describe Homero. Los hombres divinizados no deben comportarse como monstruos, sus hazañas no deben desarrollarse por gusto de los guionistas o capricho de los protagonistas, sino con sentido y estructura. Han de moverse como los eternos dioses celestes, como los astros y el cielo, como benefactores y salvadores dioses de nuevo cuño, de imagen pulida y espléndida. Si no fuera así, solo serían hombres.

No hay salvadores en el naufragio diario de “Sálvame”. La Esteban debería reconciliarse con su humanidad y no alegrarse por ese espejismo que la destruye un poco más transformándola ahora en una diosa monstruosa y deforme.