08 marzo 2016

EN LA NUESTRA O EN LA DE ELLOS


El problema que tenía “En la tuya o en la mía” es que siempre se hacía en la nuestra. A veces Bertín iba a casa del entrevistado y otras veces el entrevistado iba a casa de Bertín, pero siempre el programa lo pagábamos los contribuyentes españoles al emitirse a través de nuestra televisión pública. No tengo yo nada en contra de que Bertín Osborne y Carmen Martínez Bordiu echen un ratito charlando en casa de ésta, o de que Bertín Osborne y Mariló Montero empleen otra horita contándose secretitos en casa de aquél. Lo que me toca los huevos es que Bertín y Carmen y Mariló vengan a largar sus absolutas naderías a Televisión Española, es decir, a nuestra casa, que es donde verdaderamente estaba siempre “En la tuya o en el mía” por más que el título del programa sugiriera otra cosa. Aunque viéramos estanterías de los armarios con abundancia de fotos de Francisco Franco y de vez en cuando apareciera por la cocina una mujer llamada Fabiola, la casa en donde el cantante jerezano y su troupe de aburridísimos amigos han pasado estos últimos meses no ha sido la de ellos sino la nuestra.

De modo que el momento “en la pública o en la privada” que está atravesando “En la tuya o en la mía” –cuando escribo estas líneas parece casi segura la ruptura entre Bertín y TVE, y la compra del formato y el nombre del programa por parte de Mediaset- me hace albergar muy fundadas esperanzas de que no tendremos que alojar más a tan incómodos huéspedes. Y eso sin duda repercutirá en la opinión que tenemos sobre ellos. Pocas cosas perjudican más la valoración de alguien que verse obligado a convivir con él, y un programa completamente inadecuado para la televisión pública puede ser un programa completamente pasable para una televisión privada. “En la tuya o en la mía” inicia una nueva etapa en la televisión privada. Cada uno es muy dueño de hacer en su casa lo que le plazca. Con tal de que sea en la de ellos y no en la nuestra, por mí que jueguen al ping-pong y al futbolín lo que les apetezca, que hagan meditación, o, ya puestos, que se vayan a la cocina a freír espárragos.