27 marzo 2016

VERDADERA HIPNOSIS E HIPNOSIS VERDADERA


No es verdad eso que dicen acerca de que en español el adjetivo puede ir colocado indistintamente antes o después del sustantivo. No es lo mismo que una sociedad se libre de sus corruptos políticos que se libre de sus políticos corruptos. No es lo mismo pasear por las empinadas calles de San Francisco que pasear por las calles empinadas de San Francisco. Mismamente, el gran éxito de audiencia de esta semana fue un bodrio emitido por Antena 3 titulado “1, 2,3, Hipnotízame”. La red se llenó de comentarios indignados quejándose de que los famosetes participantes estaban obviamente fingiendo su hipnosis en complicidad con el show que les exigía dicho teatro. Se lamentaban los twitternautas de que Atresmedia estuviera engañando a los espectadores al no ofrecerles una verdadera hipnosis. Pero se equivocaban. Porque lo que vimos en “1, 2, 3, Hipnotízame” fue una verdadera hipnosis. Lo cual, por supuesto, no quiere decir que fuera una hipnosis verdadera.

Por definición, la hipnosis es una farsa compartida por el hipnotizador y el hipnotizado, que en ocasiones requiere de un acuerdo oculto entre ambos, pero que en la mayoría de los casos sólo necesita que a un individuo narcisista y sugestionable se le dé la ocasión de interpretar el papel de durmiente. Estoy seguro de que el Monaguillo, y Mario Vaquerizo, y Anabel Alonso, no pactaron nada en secreto con el maestro hipnotizador Jeff Toussaint (pfff… jua, jua, jua). Pero no porque Jeff posea la maestría de inducir el trance disociativo en las susodichas estrellas de la televisión, sino porque a estas alturas del show bussiness la farsa es el estado por defecto en el que se encuentra la práctica totalidad de los personajes televisivos.

“1, 2, 3, Hipnotízame” fue un patético espectáculo de verdadera hipnosis, es decir, de hipnosis falsa. Su éxito de audiencia permite adivinar que volveremos a ver pronto programas de este tipo en Antena 3, y que los programadores de esta cadena van a dejar de centrarse sobre sus espectadores tontos para volcarse completamente en divertir a sus tontos espectadores.