06 marzo 2016

WYOMING, DEGRADADO


La diputada del PP Andrea Levy y el diputado de Podemos Miguel Vila están loca y apasionadamente enamorados. O se quieren intensamente. O se desean mucho. O se gustan bastante. O se tienen un poco de cariño. O se hacen tilín. O se saludan con simpatía. O no se repelen tanto como pudiera esperarse. O nada de lo anterior, da igual. El caso es que la actualidad política, tan aburrida otras veces, está poniendo patas arriba el panorama televisivo.

Comenzamos con una polémica legislatura que lanza al estrellato programas con un claro perfil político que antes eran marginales en la parrilla. La precampaña y la campaña electoral logran que los líderes políticos copen los magacines y espacios de entretenimiento como nunca habíamos visto. La expectación y las dificultades para investir presidente posibilitan que, para seguir las sesiones del Parlamento en directo, salten por los aires las parrillas televisivas. Y ahora, con una situación política inédita, podíamos estar hablando de mil asuntos sustanciosos (por ejemplo, lo bueno que es el trabajo que Felipe Borbón heredó de papá: un político electo fracasa si pide a un parlamentario que le dé su voto y no se lo da, un rey no fracasa si pide a un político electo que forme Gobierno y no se lo forma. Es bueno ser rey). ¿Y por qué? Por culpa de “El intermedio”. Thais Villas arrancó estas palabras a la diputada popular Levy: “Nos llevamos mejor de lo que la gente piensa. Que fluya el amor en el Congreso”. Pablo Iglesias sigue el juego y se compromete con Villas a ser el alcahuete, ¡y lo es desde la tribuna del Parlamento!

A freír churros “Mujeres y hombres y viceversa”. A la porra “Casados a primera vista”. A paseo “Adán y Eva”. Que se espabilen “Gran hermano” y “Supervivientes” y “GH VIP” y Telecinco y Mediaset toda. El viejo juego del “Me quiere, no me quiere” entre desconocidos, famosos de medio pelo o famosetes ahora es otro. Todos a ver “El intermedio” mañana. Wyoming, relegado a reportero de calle. Thais Villas, al pico de la mesa.