23 noviembre 2008

A NINGUNA PARTE

Viajamos a Ninguna Parte. Hace cien años unos señores proyectaron fotos a toda velocidad sobre una superficie blanca dando la impresión de que las figuras fotografiadas se movían. Eso cambió el mundo. Lo llevó a Ninguna Parte. Creó una industria nueva, ocupada de entre-tener, de tener distraída a la gente entre ocupaciones. Como los caballitos de las ferias, que transportaban a los niños a Ninguna Parte sin parar de moverlos. Como las norias. Como "La Noria", el programa presentado por Violeta Santander: si se escuchan sus entrevistas se llega a Ninguna Parte con el estómago revuelto; si además se escuchan sus debates políticos se llega a una Ninguna Parte más lejana, perdida entre brumas que la mayoría de la audiencia no puede penetrar. Aunque ninguna parte tan Ninguna como la Ninguna Parte a la que llegó el "Especial Julián Muñoz": más de un año de negociaciones ocultas, una campaña publicitaria sin igual, un programa que obliga a la policía a registrar Telecinco, para que al final bajen las ventanillas tintadas del vehículo y vean que han llegado al 11,5%, justo en la Plaza Mayor de Ninguna Parte.

"We’re on a road to nowhere, come on inside" cantaba David Byrne en un videoclip dadaísta. "Vamos camino de Ninguna Parte, móntate". El Follonero realizó buena parte de su último "Salvados" en el Valle de los Caídos, que también es Ninguna Parte, una hortera y formicante Ninguna Parte que sólo existe ya en apariencia, y los habitantes de Ninguna Parte, -cuya existencia tampoco superaría todas las vías de la ontología clásica-, van a denunciarle por no tener respeto a los dictadores y atreverse a vestir a una pareja gay con camisa azul. Viajamos a Ninguna Parte, en el fervor tetánico de un siglo que condensó Fernando Fernán Gómez en una de las mejores películas de la historia del cine español, "El viaje a ninguna parte", y que este sábado iluminó en TVE durante un par de horas este fin de semana estúpido. Malditos dictadores, maldita Telecinco ante la que no cabe mejor escapatoria que el delirio del viaje a Ninguna Parte de Carlos Galván.

5 comentarios:

gromland dijo...

Y es que vivimos tiempos oscuros para "Manipulaciones Generalizadas, S.A." (consolidada empresa entre cuyas filiales se encuentra la Conferencia Episcopal y "COPE, Inc. - Pensamos por Vd.", Falange Española, "Telecinco - Basura en su televisor, Lted.", y tantas otras), pues con la llegada de la internet 2.0 y su profeta "La Sexta", acudiendo al sabio refranero español, a velocidad de vértigo les están creciendo los enanos...

...Y no me refiero a Jordi Evolé, ojo.

Smart&elegance dijo...

Asco: dícese de la sensación que recorre mis entrañas cada vez que oigo el nombre "Telecinco" en boca de algún titiritero que sacia su aburrimiento absorbiendo horas de absurda programación...

Señor Insustancial dijo...

¿Es que nos tenemos que poner de acuerdo en todo?

http://mividainsustancial.blogspot.com/2008/11/que-bien-lo-pasemos.html

Un abrazo enorme.

Lilith dijo...

Txumari mata animales en horario infantil.

Antonio, tú que tienes voz, tienes que hacer algo. Aunque no te importen los animales y sólo lo hagas por evidenciar el cinismo y de la mojigatería de este país. Aunque no te importe el cinismo y la mojigatería de este país y sólo lo hagas por criticar la superchería y el pensamiento mágico de la gente supersticiosa. Aunque no te importe la superchería y el pensamiento mágico de la gente supersticiosa y sólo lo hagas porque no se te ocurría nada para una columna.

Por lo que sea. Pero di algo, que es que es muy fuerte.

Domingo alrededor de las 10.30 horas de la mañana. La Botica de Txumari. Cómo curar las verrugas. Necesitamos: un limaco o babosa, un palo, una piedra. Txumari cuenta cómo cuando era pequeño tenía las manos llenas de verrugas. “Una grande como una moneda de 50 céntimos en el dedo anular. Sesenta y tres verrugas en las manos. Imaginaos que tenía que hacer la comunión e ir por la iglesia con las manos juntas como si rezara, esas manos llenas de verrugas, y todo el mundo viéndolas”. En la mesa del plató hay varias babosas grandes, negras, deslizándose ignorantes de las cámaras. También hay un plato con tierra, un cesto con piedras y otras cosas. Txumari sigue narrando. “Así que, algunas semanas antes de mi comunión, mi padre me llevó al bosque, buscamos un limaco y me dijo que me frotase bien las manos con su baba. Deja una baba así como blanca”. Entonces elige una de las babosas, decide respetar a una que se había encaramado a un plato y escoge a otra que se había quedado más rezagada. Y empieza a frotarse las manos con ella. “Pero no os puede dar asco, ¿eh? Frotaos las manos bien, así, que queden bien cubiertas de baba. Si os da asco no vale la pena que lo hagáis”. Sus manos están quedando completamente embadurnadas. Hay que decir que no lo hace con demasiada suavidad, la babosa, o limaco, como él la llama, está encogida y ha escondido por completo los cuernos donde tiene los ojos. Txumari, con la misma pose que si estuviera lavándose las manos con jabón, sigue explicando. “Cuando ya tengáis las manos bien cubiertas de baba, dejamos al limaco en la tierra”. Y la posa en el plato con tierra. Gracias. Pero no acaba ahí. “Ahora hay que hacer lo siguiente, cogemos un palito, así, como éste, y lo partimos por la mitad. Y ahora...” He de confesar que en este momento, al ver que sujetaba fuerte a la babosa y le acercaba el palo al lomo, cambié espantada de canal. Pero tenía que saber, y volví a poner la Sexta. Txumari había atravesado la babosa con el palo y le había puesto una piedra de un kilo encima. “Nos fuimos del bosque, y como una semana después noté que las verrugas comenzaban a desaparecer, y el día de mi comunión tenía las manos completamente limpias”. Ya, pero ahora no, Txumari. Ahora las tienes sucias de indiferencia y de falta de ternura.

La Botica de Txumari pretende ser un programa de “salud”, pero los consejos que da carecen de base científica, están fuera de la comunidad médica, hacen apología de la superstición y es posible que pudieran etiquetarse como un peligro contra la salud pública. La Botica de Txumari es un programa de salud-ficción. Y ahora ha demostrado ser cruel hacia los animales. Y lo hace en horario infantil.

Hay quien se rasga las vestiduras cada vez que en horario infantil la televisión saca una teta, temeroso quizá de que sus hijos descubran de dónde vienen. Hay quienes suspenden de empleo y sueldo a profesoras de instituto por preparar una obra de teatro donde hay palabras malsonantes y alusiones sexuales explícitas. Y yo pregunto, ¿hay también quienes se indignan porque un programa de superchería enseñe a nuestros hijos a aceptar con indiferencia la crueldad gratuita contra los bichos pequeñitos? Por muy poco que pueda importarnos una babosa, ¿no es eso educar en la falta de empatía? ¿No os resultaría un pelín escalofriante que vuestra hijita de 8 años le arrancase la cabeza a una de sus muñecas porque piensa que así se le cicatrizará antes la herida de la rodilla?

Naroh dijo...

Si quieres ver un reflejo de la cultura de la sociedad de un país, fíjate en su televisión.

En España, la cadena que más basura emite es la que más audiencia tiene. ¿Nos hacemos una idea, no?