17 julio 2010

EL IRREDUCTIBLE FÉLIX TODAVÍA ESTA AQUÍ

Cuesta imaginar que todos los grandes filósofos fueron una vez niños, pero lo fueron. Y cuesta imaginar que todos los niños alguna vez serán filósofos, pero lo serán aunque sólo sea un poco. Todo adulto descubre tarde o temprano que aquello que había conocido de niño no es tan grande o tan maravilloso como recuerda. Es la forma en que nos damos cuenta de que, si el hombre es la medida de todas las cosas como decía el sofista Protágoras, cuando el hombre es niño las cosas son más grandes y cuando el niño crece las cosas encogen.

¿Todas? ¡No! Un recuerdo poblado por irreductibles programas de Félix Rodríguez de la Fuente resiste, todavía y como siempre, al invasor. Cualquier día de éstos se tropieza uno con alguno de los reportajes que La 2 reemite por las tardes, y el recuerdo, lejos de encoger, crece. Pasan los días y las semanas y los meses y La 2 sigue reemitiendo la inmensa obra del inmenso Félix. Consulta uno por curiosidad la programación del día y comprueba que sus programas todavía están aquí, como si fueran la versión tranquilizadora del inquietante dinosaurio de Monterroso.

Mucho se ha señalado la gran labor educativa que desarrolló Félix, pero aquí queremos señalar cómo su prosodia (tan reconocible e imitada), cómo su gusto por la palabra (hay quien lo propuso como miembro de la Real Academia), cómo la emoción que imprimía a la narración pusieron la semilla del gusto por los reportajes y documentales en los niños de los 70. Vuelvan a echarle un vistazo estos día y comprueben que es aún más grande de lo que recordaban. Recuerden que es un programa hecho en unos años en que había tal pobreza de recursos que en el “1, 2, 3, responda otra vez” los decorados se dibujaban con un rotulador sobre tableros recortados, y que en TVE había permanentemente disponible una “locutora de continuidad” que salía en antena cada vez que fallaba la emisión para rellenar el hueco mientras se arreglaban los problemas técnicos.