12 julio 2010

VERANOTIME

Primera evidencia. En verano la tele emite programas veraniegos, muchos programas veraniegos, y en invierno emite programas invernales, muchos programas invernales. En verano la tele se llena de gente en traje de baño rodeada de agua en estado líquido y en invierno se llena de gente abrigada rodeada de agua en estado sólido. Castillos de arena o muñecos de nieve, chiringuitos de playa con la canción del verano o grandes almacenes con villancicos, miles de personas repitiendo la expresión “merecidas vacaciones” o miles de personas repitiendo la expresión “espíritu navideño”. Los esclavos atrapados en la caverna de la que Platón hablaba no necesitan salir al exterior para conocer la realidad exterior, sólo tienen que encender la tele y ver sus sombras en color.

Segunda evidencia. En invierno los espectadores estamos convencidos de que los programas de invierno son repetitivos y cansinos, los más repetitivos y cansinos; y en verano estamos convencidos de que los programas de verano son cansinos y repetitivos, los más cansinos y repetitivos. Es más, igual que en invierno recordamos el bochorno veraniego como un calorcito acogedor y en verano añoramos el frío invernal como un agradable fresquito, en cada momento pensamos que la televisión de la temporada opuesta no era tan pesada como la que se emite en ese instante.

Tercera evidencia. La peor televisión, sea de invierno o de verano, es siempre la que del año en curso. Estos días recordamos con alivio que ya no emiten aquellos programas de palmera y piscina con el sultán Jesús Gil y Gil en traje de baño rodeado de chicas, ni el “Grand Prix” de Ramón García y la vaquilla Rapidilla, qué porrazo si te pilla. Da igual: este año es el peor. El último estreno veraniego de laSexta se llama “Summertime” y es un programa de verano sobre el verano para el verano. Está todo dicho.