28 mayo 2014

CORAZONES Y NARICES


Si hablamos de televisión, somos esclavos del pasado, libertos del presente e ingenuos (así se designaba en la antigua Roma a los hombres nacidos libres) del futuro. Sólo así puede entenderse nuestra tendencia como espectadores a comprender los estragos que causa el paso del tiempo en nuestras series favoritas, la mezcla entre necesidad y libertad con la que contemplamos un estreno, y la libre alegría que nos permite esperar lo mejor con respecto al futuro de la ficción televisiva. Todos los que amamos “Friends” en el pasado vemos la reposición de la serie en Comedy Central y nos esforzamos en perdonar los chistes que ya no funcionan o ese estilismo que a veces se desliza en la pantalla como un tenedor en un plato de porcelana. Todos los que amamos “Big bang” somos libertos que contemplamos el necesario agotamiento de Sheldon y la libre evolución del personaje. Y todos los que amamos la ficción televisiva esperamos las novedades (la segunda temporada de “Banshee”, por ejemplo) con absoluta y alegre libertad, es decir, sin miedo y dispuestos a aceptar los retos que nos plantean los guionistas. Pero hoy querría hablar de la diferencia entre la reposición de una de nuestras series favoritas y la nueva versión de una de nuestras películas favoritas: “Friends” y “Psicosis”.

¿Por qué somos así? ¿Por qué estamos dispuestos a perdonárselo todo a Chandler y compañía, pero no pasamos ni una a la nueva versión de “Psicosis” (Cosmopolitan) que perpetró Gus Van Sant? ¿Por qué vemos con tanto cariño y comprensión la reposición del capítulo de “Friends” en el que Ross y Rachel consiguen que su hija recién nacida se ría cantándole una canción sobre culos gordos, pero odiamos y no comprendemos por qué y para qué demonios Gus Van Sant se empeñó en rodar una adaptación casi plano a plano de “Psicosis”? ¿Por qué una nueva versión capítulo a capítulo de “Friends” nos parecería una abominación, mientras que una reposición de “Psicosis” siempre cuenta con nuestra simpatía y nuestra incondicional suspensión de la incredulidad? ¿Por qué las reposiciones nos tocan el corazón, pero las nuevas versiones nos tocan las narices?