21 enero 2015

DINAMARCA CONTRA LOS TONG

Un personaje de la película “El terror de los Tongs”, protagonizada por Christopher Lee un poquito antes de ponerse los bigotes de Fu-Manchú, se pregunta por qué a todos los occidentales les gusta divertirse de la misma manera en que viven: de forma ruidosa y vulgar. Los Tongs del Dragón Rojo son una organización secreta que se dedica a sembrar el terror y la corrupción en Hong Kong, pero la observación del Tong es interesante porque el ruido y la vulgaridad son precisamente las señas de identidad de muchos de nuestros programas televisivos (“Killer Karaoke”, “Jugones”, “Adán y Eva”, “Mujeres y hombres y viceversa”, “Gandía Shore”), de muchísimas películas y de no pocos informativos. Pero los Tongs tendrían que reconocer que no todo es ruido y vulgaridad en el occidente televisivo. La serie danesa “1864” (Canal+ Series), por ejemplo, es digna heredera del shakesperiano “algo huele a podrido en Dinamarca”.

Muchos no teníamos ni idea de que en 1864 Dinamarca y Prusia fueron a la guerra por un quítame aquí o ponme allí unos territorios de nombre impronunciable. La historia está llena de masacres desconocidas entre gente que no se conocía para provecho de gente que sí se conocía pero que no se masacraba, y la Guerra de los Ducados entre daneses y prusianos fue una de ellas. “1864” cuenta, con silenciosa elegancia, la historia de amor entre dos hermanos campesinos y su mejor amiga, y también muestra el horror absoluto de la guerra y la asquerosa frivolidad de los políticos y los poderosos cuando toman decisiones como quien mueve los peones en el ajedrez. En la película “Troya”, el troyano Héctor, un poco harto de las tonterías románticas de su hermano Paris, dice que ha matado hombres, les ha oído y les ha visto morir, pero también jura que no hay nada glorioso en ello, nada poético. Hay mucha poesía en las imágenes de “1864”, pero poca gloria. No hay nada glorioso en matar y morir, ni en Troya ni en Dinamarca. Nos importa la historia de Peter, Laust e Inge, nos sobrecoge la crudeza de la guerra y estamos seguros de que los Tongs del Dragón Rojo tendrán que tragarse sus palabras cuando se sienten en el sofá a ver “1864”.