03 enero 2015

NOS DAN LAS UVAS


En la tele hay siempre competencia, pero en las uvas más. La audiencia que se reparte en las campanadas es tanta que cada migaja cunde por dos. Lo realmente difícil es innovar. TVE optó por la tradición más rancia e hizo fuego con las cenizas de las escorias de los rescoldos de las ascuas de la brasa que durante años nos dieron Anne Igartiburu y Ramón García. LaSexta fue aún más conservadora. Poner a la Jacinta en el pilón cantando “Hot girl” con una coreografía mamaria como la que protagonizó Sabrina en la gala de Nochevieja de 1987 le pareció demasiado moderno, así que optó por Cristina Pedroche vestida con transparencias como si fuera la Bim Bam Bum de “Aída”. Con los nervios la chica ni atinó a cantar el cuplé “Señorito, ¿le enciendo su purito?” ni el de “La pulga” (“Tengo una pulga dentro de la camisa que salta y corre, y loca se desliza”). Menos mal.

La mayor innovación en Nochevieja estuvo en el patrocinio publicitario. En los años del régimen de televisión única la noticia era el precio del primer anuncio del año, pero aquello desapareció con la multiplicación de las cadenas. Frente al anuncio tradicional, sobreimpresionar digitalmente logotipos de marcas parecía la nueva moda para que con las uvas tragáramos publicidad, así que Canal Sur optó por hacer un arriesgado experimento sociológico. Abortó la emisión de las campanadas patrocinadas por Coca-Cola para emitir anuncios de los de antes, de los de aquí te pillo y aquí te mato. Que los semiólogos tomen nota: los espectadores preferimos el estorbo, la molestia y el fastidio de la publicidad estática a la interrupción de la publicidad tradicional.

Las proyecciones sobre el Palacio del reloj de Sol son harina de otro costal. Unas luces dibujaban el logotipo gigante de esa bebida azucarada de antes en competencia con el láser de unos tipos que pedían que los presos vascos fueran a Vasconia. ¿Qué es preferible, la publicidad o la propaganda? Para saberlo, esperemos a ver qué hace con las uvas Canal Sur el año que viene.