10 abril 2015

ISABEL PREYSLER DE JANEIRO


Isabel Preysler tiene dos perfiles. Dos caras. Como Jano, el dios romano hijo de Urano y de Hécate. Y el otro día en “El Hormiguero” la ex-multi-esposa se empeñó en que se viera solamente una de las dos. Hubo que cambiar la configuración habitual de la mesa haciendo que Pablo Motos se sentara a su izquierda para que los espectadores sólo pudiéramos ver una de las caras de Isabel de Janeiro. Con la mitad de la boca que mostraba a la cámara habló de lo maravillosos que son todos sus hijos, de lo excelente que es la crema cosmética que se comercializa con su nombre tras años de duro trabajo, de los sanísimos batidos vegetales que desayuna cada mañana y la gimnasia que hace a continuación. Por detrás, con la mitad de la boca que se ocultaba a las cámaras, decía lo contrario. En “El  Otro Hormiguero”, la cara oculta del hormiguero bifronte que nos ofreció Antena 3 el martes, Isabel confesaba que no soporta más a la pija de Tamara, al narcisista de Julio José y que siempre le pareció que su hijo Enrique cantaba como el culo, que no tiene ni idea de cómo será de buena la crema cosmética que se comercializa con su nombre ya que se ha limitado a cederlo sin dedicarle un minuto más de su tiempo libre -es decir, de su tiempo-, que cada mañana se aprieta media docena de torrijas bien grasientas a lo guarro, tras lo cual va corriendo al baño a vomitarlas.

Sabido es que Alfred Hitchcock mantenía en ocasiones relaciones complicadas con sus actrices. Durante el rodaje de “Náufragos”, Mary Anderson le preguntó al director cuál creía que era su lado bueno, a lo que éste contestó: “Cariño, estás sentada sobre él”. Pablo Motos no es Alfred Hitchcock, quizá por eso “El Hormiguero” consiguió su récord de audiencia en sus ya seiscientos años de historia sin mostrarnos el lado de Isabel en Enero sobre el que estaba sentada. Solamente un perfil. Uno de los dos. Una de las caras de Jano miraba al pasado, la otra miraba al futuro. No sabemos seguro -aunque lo suponemos- hacia dónde miraba la cara de Isabel Preysler mientras la miraban seis millones de espectadores que no tienen un lado bueno ni más de una cara.