29 abril 2015

SÓCRATES EN "BONES"

En el capítulo de “Bones” (laSexta) de la semana pasada, el equipo del Jeffersonian investiga el asesinato de un profesor de Psicología que realizaba inquietantes experimentos con sus alumnos inspirados en el llevado a cabo por Stanley Milgram, en el que figuras autoritarias con bata blanca instaban a sujetos a administrar falsas descargas eléctricas a gente corriente a pesar de los chillidos de protesta y dolor de estos últimos. Milgran dijo que después de presenciar en sus propios experimentos a cientos de personas someterse a la autoridad, debía concluir que el concepto de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal se acerca mucho más a la verdad de lo que nadie podría imaginar. Alan Wolfe apunta en su ensayo “La maldad política” que, por muy deficiente que fuera el trabajo de Milgram, la idea de que la gente “normal” es capaz de infligir un terrible sufrimiento a otros seres inocentes cuando quien le presiona para que lo haga es una persona respetada y de autoridad se ha aceptado tan ampliamente que es difícil que nada consiga eliminarla. El capítulo de “Bones” es un ejemplo de cómo, en palabras de Leonidas Donskis, una persona “sana y normal” puede convertirse por un tiempo tanto en un idiota moral como en un psicópata sádico, en alguien que no muestra empatía ante el sufrimiento de otro ser humano.

Uno de los sospechosos de haber asesinado al profesor, un alumno psíquicamente destrozado tras descubrir que es capaz de hacer cosas horribles a otros seres humanos, reconoce que odiaba a su profesor porque le había obligado a conocerse más profundamente de lo que nunca había imaginado. Y eso puede darnos una pista acerca de las razones por las que el filósofo Sócrates, el gran preguntón, fue condenado a muerte en la democrática Atenas. Sócrates obligaba a los demás a examinarse a sí mismos, y puede que ese examen a veces arrojara luz sobre zonas oscuras y, otras veces, condujera a un terrible callejón sin salida tras el desmoronamiento de verdades que hasta ese momento parecían inamovibles. El profesor de “Bones” fue fríamente descuartizado por una mujer amante de los pájaros, y no por uno de sus alumnos o una antigua amante, y Sócrates bebió la cicuta después de que sus conciudadanos amantes, como dijo Pericles, de la belleza y de la sabiduría aceptaran las acusaciones de impiedad y corrupción de la juventud. Acabáramos. Una anciana que ama a los pájaros puede ser capaz de descuartizar a Sócrates.