27 abril 2015

MUJERES QUE SE ACERCAN POR LA CALLE Y DICEN


El otro día iba por la calle y se me acercó una mujer que me dijo: “Señor Antonio Rico, cómo le agradecemos la labor de crítica televisiva que usted hace, pero, si fuera usted tan amable, ¿podría por favor escribir una columna comentando lo hartos que estamos todos de las historias que cuentan los políticos en televisión en donde una mujer se les acerca por la calle y les dice algo que encaja a la perfección en la postura que están defendiendo en ese momento?”. Yo le contesté que sí, que lo haría encantado, y desde ese momento me puse alerta para detectar cada vez que sucedía algún suceso como el referido por la mujer que se me acercó por la calle. Revisé “Las mañanas de Cuatro”, “Al rojo vivo”, “Un tiempo nuevo” armado con una libretina y un lápiz con el fin de documentarme para escribir la columna a la que me había comprometido. No habían pasado ni 96 horas y ya había cazado a Pedro Sánchez, a Esperanza Aguirre, a Antonio Miguel Carmona, contando preciosas historias de mujeres que se les acercan por la calle y les dan su apoyo con una frase que encierra una gran sabiduría.

Y anteayer lo hizo Pablo Iglesias en “La sexta noche”. Al parecer el otro día iba por la calle y se le acercó una mujer que le dijo no sé qué. ¡No cuela! ¡Tararí! ¡Venga ya! El formato “iba por la calle y se me acercó una mujer que me dijo...” -aparte de estar más pasado que los chous de José Luis Moreno- peca de un pecado que hubiera enfadado mucho a sir Karl Popper: es incomprobable, es infalsable, permite dar una imagen cercana y humana del candidato sin que jamás pueda demostrarse que esa conversación sólo existió en la imaginación de su jefe de campaña. Hagan como yo y fíjense en la cantidad de veces que durante las próximas semanas los políticos nos van a contar que iban por la calle y se les acercó una mujer que les dijo... Y -permítanme este humilde consejo- créanselo tan poco como deben creerse la historia con la que abría yo esta columna, ésa en la que iba yo por la calle y se acercaba una mujer que me decía...