26 abril 2015

"STRANGE FRUIT"


En agosto de 1930, en Marion (Indiana, EE.UU.), Thomas Shipp y Abram Smith, ambos negros, fueron linchados y colgados de un árbol. Impresionado al ver la fotografía, Abel Meeropol, un maestro de escuela judío, escribió la canción “Strange fruit” (“Fruta extraña”). “De los árboles del sur cuelga una fruta extraña, / sangre en las hojas y sangre en la raíz, / cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña, / extraña fruta colgando de los álamos”. En abril de 2015, tras la penúltima tragedia en el Mare Nostrum, Mariano Rajoy, el ciudadano español con mayor poder de actuación política, dijo: “Ya no valen las palabras, hay que actuar”. Bonitas palabras.

En 1939, cuando Billie Holiday actuó en el Cafe Society del Greenwich Village (New York, EE.UU.), su propietario, Barney Josephson, le enseñó la canción y le pidió que la cantara. Aceptó hacerlo al terminar. Josephson mandó a los camareros dejar de servir y apagó las luces excepto un foco sobre Billie. Al terminar de cantar, Billie (23 años. Su padre había muerto en Dallas porque ningún hospital había querido atenderlo) fue al baño a vomitar. “Escena bucólica del galante sur, / los ojos hinchados y la boca retorcida, / el aroma de las magnolias, dulce y fresco, / y el repentino olor a carne quemada”. El papa Francisco, político europeo jefe de Estado vitalicio en el Vaticano, dijo: “No debemos cansarnos de solicitar un compromiso más amplio a nivel europeo e internacional”. Bonita solicitud y bonito compromiso.

Estos días celebramos los 100 años de Billie, que murió a los 44. “Aquí está la fruta que arrancarán los cuervos, / que recibirá la lluvia, que lamerá el viento, / que se pudrírá al sol, que se caerá de los árboles. / Esta es una extraña y amarga cosecha”. Hoy la fruta flota en el mar que la marea acercará a nuestros televisores. Qué malos son los traficantes de hoy, y qué malos eran los negreros de antes. Qué buenos somos nosotros, y qué buenos eran los clientes de aquellos negreros. Por lo demás, ¿celebramos qué?