16 julio 2011

DESCONECTEN A "HOUSE"

A favor de la muerte digna de las series de televisión. En contra del ensañamiento terapéutico. A favor de que se permita que las grandes series fallezcan con nobleza. En contra de que se mantenga artificialmente su vida mediante técnicas agresivas, que provocan sufrimiento innecesario para los protagonistas y sus seguidores, y sólo consiguen prolongar agónicamente dos o tres temporadas más su duración. A favor de muertes como las que sufrieron “The wire”, “In treatment” o “Hermanos de sangre”. En contra del ridículo que supusieron las temporadas finales de “Prison break”, lo que está ocurriendo con “Anatomía de Grey” o lo prescindible que fue la última temporada de “Flashforward”, -que, curiosamente, coincidió con la primera-.

Por favor, dejemos a “House” morir en paz. No nos ensañemos terapéuticamente con él. La serie se ha terminado; de hecho, entró en estado vegetativo hace un par de temporadas. Es cierto que incluso en estos instantes de agonía final ha dado lugar a momentos brillantes que hacían pensar en la curación del enfermo. Pero no. Lo vimos esta semana con el último capítulo de la séptima temporada que emitió Cuatro, y cuyos minutos finales pasarán a la historia de la ignominia televisiva por su falta de respeto a la gloria de una gran serie. Qué vergüenza. Qué ridículo. Qué mamarrachada sin pies ni cabeza traída por los pelos para conseguir que el paciente logre sobrevivir un minuto más. “House” no es más que un vegetal intubado, conectado a respiradores y marcapasos, atiborrado de drogas. Wilson no puede seguir disimulando lo abochornado que se siente en cada escena. Cuddy se va. Y Gregory House sufre contracturas musculares debido a ser una permanente mueca de una parodia de una caricatura del personaje que una vez fue.

Nos dio pena el final de “The wire”. Nos dio vergüenza el final de “Prison break”. Fue peor lo segundo que lo primero. Desconecten a “House” de todos los aparatos y dejénle morir tranquilo. Es lo que él hizo siempre con sus pacientes.