05 julio 2011

NUNCA DIGAS QUE NO TE PONDRÁS PELUQUÍN

El título de la película “Nunca digas nunca jamás” (domingo, La Sexta) es un buen chiste. Sean Connery, el mejor agente 007 con licencia para matar, estaba tan harto del personaje que decidió no volver a interpretarlo jamás. Y así fue… hasta que el productor Kevin McClory puso encima de la mesa unos cuantos millones de dólares. Nunca digas que nunca jamás dejarás el Barça por el Madrid (hola, Figo, ¿cómo va eso?). Nunca digas que nunca jamás verás una aburrida carrera de Fórmula 1 (llegó Fernando Alonso y todos aprendimos a decir “pit lane”) o una aburrida competición de golf (llegó Seve Ballesteros y el “swing” pasó a significar otra cosa mucho peor). Nunca digas que nunca jamás volverás a emocionarte con esa chorrada del festival de Eurovisión (Rosa cantó “Europe´s living a celebration” y nadie dudaba de que Massiel y Salomé tendrían compañía). Nunca digas que nunca jamás Telecinco emitirá una película de Ingmar Bergman un sábado por la tarde (ehhh… bueno…). Recordemos a Sean Connery.

Si Sean Connery volvió a meterse en el elegante traje de James Bond y se atrevió a ponerse un peluquín después de lucir una calva majestuosa en “El hombre que pudo reinar”, “El viento y el león” y “Robin y Marian”, entonces puede que Buenafuente fiche por Intereconomía, que el Stan de “Padre made in USA” abandone la CIA y se convierta en un peligroso liberal, que Ana Blanco se rice el pelo o que cada capítulo de la serie “Falling Skies” (TNT) no deje en el paladar del espectador un gusto a decepción. Puede que Steven Spielberg, productor de “Falling Skies”, necesite lo contrario de lo que le hizo falta a Sean Connery para que decidiera protagonizar “Nunca digas nunca jamás”. Menos dinero. Decía el gran Ray Harrihausen que la fantasía debía tener la apariencia de un sueño, porque si la fantasía parece real estás matando su esencia. El esfuerzo por dar realismo a las previsibles tribulaciones postapocalípticas de ese profesor de historia metido a guerrillero está matando la esencia de lo que debería ser una fantástica serie de ciencia-ficción. Estoy casi decidido a no ver el capítulo 3 de “Falling Skies”, pero creo que terminaré por ponerme el peluquín.