12 julio 2011

GAMBERROS EN LOS SANFERMINES

Los gamberros lo estropean todo, no se paran ante nada. Incluso las fiestas más tradicionales, pensadas para el disfrute general desde tiempo inmemorial, tienen que fastidiarse con sus estúpidas ocurrencias: si hay una merienda campestre, inician una guerra de comida tirándose la empanada unos a otros; si hay un desfile popular por las calles del pueblo, empiezan unos a pedir agua bajo las ventanas y otros a tirar calderos repletos sobre los viandantes dando al traste con la tradición, con lo bonitas que son las tradiciones.

En los encierros de San Fermín pasa lo mismo. Todos los años lo podemos ver en la tele. Siempre hay unos cuantos que parece que solo disfrutan fastidiando a los demás. Será eso, que quieren salir en la tele para fanfarronear después delante de los suyos. Con lo hermoso que es ver una carrera rápida y limpia como manda la tradición, año tras año hay que aguantar a unos cuantos desaprensivos que no entienden la fiesta y se dedican a molestar a los demás parándose en medio del recorrido, cruzándose, volviendo hacia atrás, obstaculizando la carrera con su torpeza. Se crean así situaciones de peligro que nos tienen a todos en vilo pendientes de la pantalla. Y eso no es nada. Estarán de acuerdo conmigo en que los peores son unos desaprensivos que sueltan una manada de toros en cada carrera. ¡Toros! ¡Toros sueltos! Se viven situaciones terribles que las autoridades deberían atajar identificando a los gamberros que sueltan tan peligrosos animales entre los indefensos ciudadanos que solo quieren disfrutar de una inocente y sana tradición haciendo deporte en honor a su santo patrón.

Las fuerzas y cuerpos de seguridad están para eso: para garantizar la seguridad. Pues que se apliquen con los gamberros que un año tras otro demuestran que no saben disfrutar de las tradiciones sin molestar a los demás. A ver si los pillan y dejan de soltar impunemente toros por la calle. ¡Toros por la calle! ¿Están locos o qué?