30 mayo 2012

HAY QUE PRACTICAR MÁS EL FRANCÉS


“No es que quiera ser prolijo, es que lo soy”, dice Gustavo Bueno para aclarar por qué son tan largas sus explicaciones. Bueno, pues, por lo mismo, no es que yo quiera ser pesado, es que lo soy: una vez más sostengo que los famosos no son personas intrínsecamente entretenidas, divertidas, interesantes, atractivas, maravillosas ni admirables. Solo son personas a las que, las más de las veces por alguna puñetera casualidad de las muchas que hay en la vida, son reconocidas por mucha gente si se las cruza por la calle y de las que, erróneamente, se cree que son intrínsecamente entretenidas, divertidas, interesantes, atractivas, maravillosas y admirables. Pesado, pesado.

Cuando en 2004 Julia Otero estrenó su penúltimo programa de entrevistas en la tele (“Las cerezas”) se enfrentó con el canoísta David Cal a un muro de monosílabos. Era famoso porque acababa de ganar dos medallas en las olimpiadas, pero no tenía nada que decir. El programa se salvó gracias a otros invitados más interesantes, no más famosos. El lunes por la noche Otero estrenó en La 1 “Entrevista a la carta”. Se supone que el interés estaba en que varios famosos hacían preguntas a Cayetano Rivera, famoso torero, famoso modelo, famoso hijo de padre famoso y madre famosa en una familia famosa. Más facilidad de palabra que Cal tuvo. Concretamente para las palabras “la verdad” y “la verdad es que”. Qué insistencia. Con perdón por tanto retruécano: qué torpe con las muletillas el diestro con la muleta. Pero tanta verdad, tan reiterada sinceridad, envolvía unas respuestas sositas que Otero trataba de animar con la profesionalidad que la caracteriza. Claro, que las preguntas tampoco eran para tirar cohetes: no sé quién quería saber si son más importantes los toros, los amigos o el amor y la duquesa de Alba quería saber si se iba a casar la criatura.

En tal desierto, lo mejor fue cuando Otero dijo: “Hay que practicar más el francés”. Y eso que, como en aquél chiste de Eugenio en el que una señora enseña el búlgaro, se refería a un idioma, tú.