22 mayo 2012

PENÉLOPE ES UNA METÁFORA DE LA AUDIENCIA




Penélope con su bolso de piel marrón y sus zapatos de tacón y su vestido de domingo. Penélope se sienta en un banco en el andén y espera que llegue el primer tren meneando el abanico. Dicen en el pueblo que Penélope era una fan de Andréu Buenafuente, que veía sus late nights con frecuencia, siempre que no empezaba muy tarde, cuando no le vencía el sueño ni ponían alguna de sus películas favoritas en otras cadenas. Solía reírse con los monólogos, aburrirse un poco con las entrevistas y aullar de felicidad con aquellas conversaciones falsas en blanco y negro con personajes históricos que montaba Buenafuente con Berto. Por eso se entristeció cuando hace unos meses el humorista anunció el fin de su programa. “Adiós, amor mío, no me llores, volveré antes que de los sauces caigan las hojas. Piensa en mí, volveré a por ti...”. Y Penélope se consoló con esas palabras, y poco a poco fue recordando con más cariño al Andréu y deseando más intensamente su regreso.

Penélope, tristes a fuerza de esperar, sus ojos parecen brillar si un talk show silba a lo lejos. Penélope ve pasar a Wyoming, a Pablo Motos, mira sus caras, les oye hablar, para ella son muñecos. Dicen en el pueblo que algunos meses después Andréu Buenafuente volvió. Volvió igual que siempre, con monólogos brillantes, entrevistas tirando a sosas y excepcionales números de humor rodados con Berto y compañía. La periodicidad semanal permitía elevar el nivel medio del programa, y el nuevo horario hacía que ya no fuera un problema tener que madrugar al día siguiente. La llamó: “Penélope, mi amante fiel, mi paz, deja ya de tejer sueños en tu mente. Mírame, soy tu amor, regresé”. Penélope, -Penélope es una metáfora de la audiencia; espero que los lectores se estén dando cuenta, porque si no...-, le sonrío con los ojos llenitos de ayer. A fuerza de haberlo idealizado, el auténtico Buenafuente ya no era el Buenfuente auténtico, y dejó de ver su programa. “Buenas noches y Buenfuente” fue retirado de la programación y Penélope se quedó con el bolso de piel marrón y sus zapatitos de tacón sentada en la estación.