24 diciembre 2014

EL DISCURSO DEL GONG


La gran novedad del tradicional mensaje-discurso televisado del Rey en Nochebuena es que hay otro Rey, pero ni el cambio de Rey (me atrevo a decir que ni siquiera un cambio en el modelo de la jefatura del Estado) hará que los espectadores cambiemos nuestras costumbres. Felipe VI dirá lo que sus asesores han decidido que diga, pero casi nadie le escuchará. El discurso del Rey será largo, a la manera sofista, o corto, como quería Sócrates. El discurso del Rey seguirá los consejos que ofrece el filósofo Pedro Abelardo en una de sus cartas a Eloísa y evitará la palabra ociosa o superflua tanto como el mucho hablar. El discurso del Rey procurará no convertirse en una cháchara a la manera propuesta por san Agustín, es decir, hablando lo necesario, por prolijo o abundante que sea el discurso. El discurso del Rey intentará convencernos de que nadie es tan bueno como todos juntos, como dijo Di Stéfano; intentará, inspirándose en el general Custer de “Murieron con la botas puestas”, que creamos que los reyes abdican, pero la monarquía sigue porque tiene un alma imperecedera; intentará que olvidemos que, como decía Thomas Paine, la monarquía hereditaria es algo tan absurdo como la licenciatura en física hereditaria; intentará, si sus asesores han leído a santo Tomás de Aquino, que no parezca que el nuevo rey siente soberbia hasta de su humildad. El discurso del Rey no querrá ser vino nuevo en odres viejos porque, como nos advierte san Mateo, así los odres se rompen y el vino se tira. Es igual. Da lo mismo. No hay nada que hacer. El discurso del Rey sólo es el pistoletazo de salida de la cena de Nochebuena.

Decía Cicerón que el gong que anunciaba cada día en Roma la apertura de los baños públicos era más grato de escuchar que la voz de los filósofos en sus escuelas. Felipe VI puede ponerse en plan filosófico, teológico, cómico, químico, romántico, místico, profético, histórico o físico experimental, pero su discurso sólo nos interesa en cuanto que es el gong que anuncia la apertura de los baños públicos, es decir, de la cena con más langostinos per cápita del año. El discurso del Rey en Nochebuena es el discurso del Gong, lo pronuncie Juan Carlos I, Felipe VI, Agamenón o su porquero.