23 diciembre 2014

TIBURÓN


Qué mala mañana estoy pasando... Maldito sorteo de la lotería... En todas las televisiones todo el mundo con su décimo en la mano vibrando de ilusión ante la posibilidad de que le toque el Gordo. El caso es que ayer un mal amigo me envió el enlace de una página web dedicada a sucesos cuya probabilidad es mayor que la de ser agraciados con el primer premio de Navidad. Ay, mamina, qué frágil es la vida humana. Hay una posibilidad entre cien mil de tener el número del premio gordo; pero la posibilidad de morir fulminados por un rayo es mayor, de uno entre ochenta mil; y la posibilidad de morir víctima del derribo inesperado de un edificio sube hasta uno entre sesenta y cinco mil; y ya ni me atrevo a deciros aquí la probabilidad que tenemos todos de que nos mate un desconocido al circular por la calle, o la probabilidad -que roza casi la certeza- de morir en un accidente de tráfico. El único suceso menos probable que tener el Gordo se refiere a ser devorado por un tiburón. Es un alivio, pero aun así no me quedo tranquilo.

Así que mientras todo el mundo tiene la secreta convicción de que esta vez sí les tocarán cuatrocientos mil euros, yo les miro con secreta condescendencia, encojo el cuello, cierro fuertemente los ojos y me preparo para el impacto, convencido de que esta vez sí me caerá un rayo en la cabeza. Evito pasar al lado de edificios elevados. Elijo la acera por la que transitan menos peatones. No me monto en vehículos a motor. El 22 de diciembre debería ser nombrado el Día Nacional del Desprecio a las Matemáticas, conmemorando la mañana en la que todo el país se entrega a una orgía irracional por la que sucesos de probabilidad despreciable parecen ocurrir cada quince minutos. Si el mundo fuese como quieren vendernos los presentadores de las retransmisiones televisivas del Sorteo de Lotería, todos habríamos muerto hace tiempo electrocutados por un rayo o aplastados por un edificio. Bueno, todos no. Unos cuantos afortunados seguirían vivos, pero tampoco deberían hacerse muchas ilusiones: el día menos pensado les devoraría un tiburón.