14 enero 2016

HACIENDA LAVA MÁS BLANCO


Necesitamos a Miguel Ángel Aguilar muerto de risa. No es que el periodista tenga una risa especialmente cantarina, contagiosa o divertida, pero su risa de perro viejo ilumina y reconforta. Ilumina porque es más certera que el mejor comentario del más acertado de los analistas. Y reconforta porque acompaña y ofrece un escape de los callejones sin salida a los que la realidad nos conduce.

Fue en “Más vale tarde” (tardes de laSexta) cuando hace ya un mes Mamen Mendizábal entrevistó a Nacho Villa, exdirector de Radio Televisión Castilla-La Mancha. Pretendía darle ocasión para que se defendiera de las graves acusaciones recibía por su escandalosa gestión económica, incluido el desconcertante uso de tarjetas de crédito. Aguilar asistía a la entrevista desde el plató como comentarista, pero el discurso de Villa era tan caótico, sus explicaciones eran tan cutres, y destilaba tal superioridad y chulería ante las cámaras que Aguilar solo podía reírse, carcajearse, desternillarse sin articular palabra.

Ahora, al informar sobre el “Caso Nóos”, andan preocupados en “Más vale tarde” porque la abogada del Estado, Dolores Ripoll, asegura que cuando el Estado proclama que “Hacienda somos todos” es mera publicidad, un eslogan, una frase cebo que solo vale para que nos la creamos, piquemos y paguemos. Los contribuyentes no podemos pretender, después de apoquinar, que de verdad Hacienda seamos todos; igual que los clientes no debemos esperar, después de comprar detergente, que de verdad lave más blanco. Mendizábal se enfrentó a la tesis de Ripoll enviando reporteros a la calle, llevando comentaristas, periodistas y abogados al plató, haciendo un repaso por las viejas campañas publicitarias de Hacienda (Bárbara Rey: “No se puede ser feliz engañando, por eso Ángel y yo siempre decimos la verdad, también a Hacienda”), incluso entrevistando al exdirector de Agencia Tributaria. No bastó. Faltó Aguilar, sentado a un lado sin decir ni pío, partiéndose la caja, tronchándose, de los sus ojos tan fuertemente llorando ¡de risa!