20 enero 2016

NARICES Y VOCES


La moda del documental “dramatizado” permite que los espectadores pongamos cara a Carlomagno y a Hildegarda, su mujer, que cruzó los Alpes embarazada y en invierno acompañando al Emperador de Occidente (“Carlomagno”, La 2); y esa moda también consigue que todos nos movamos inquietos en el sofá viendo a Stalin y Churchill hablando de la guerra contra los nazis (“Un mundo en guerra”, Mega) y hagamos odiosas e inevitables comparaciones entre Cleopatra y santa Juana de Arco (“Mujeres que hicieron historia”, La 2). Es difícil ver un documental sobre Cleopatra sin fijarse en la actriz que encarna a la última reina de Egipto, de forma que el mito de Cleopatra (su belleza, su nariz, sus encantos) nos distrae del enorme proyecto político que una inteligentísima mujer intentó llevar a cabo con Marco Antonio. Y también es muy difícil ver un documental sobre santa Juana de Arco sin sufrir una indigestión de tópicos medievales mal cocinados.

Cleopatra es “la” mujer del mundo antiguo y santa Juana de Arco es “la” mujer del mundo medieval, pero no sólo los mitos y los tópicos han devorado a la reina de Egipto y a la doncella de Orleans, sino que en los documentales la belleza de Cleopatra suele ser más importante que sus objetivos políticos y la misión divina de santa Juana acostumbra a eclipsar a otras mujeres medievales mucho más fascinantes. Necesitamos documentales sobre Cleopatra que no estén obsesionados con el mito de Cleopatra, y documentales sobre mujeres medievales que vayan más allá de los tópicos alrededor de santa Juana de Arco. Un documental sobre Aspasia de Mileto, por ejemplo, no necesitaría que nos fijáramos en su nariz, del mismo modo que un documental sobre Eloísa no exigiría referirse a las “voces” que santa Juana aseguraba escuchar. Cuando Eloísa pide al filósofo Pedro Abelardo que componga una regla para ella y sus monjas, critica las establecidas por los Padres de la Iglesia para la práctica monástica, que sólo tenían en cuenta las necesidades de los hombres (¿qué será de las “túnicas de lana ceñidas a la carne” durante la menstruación?). Aspasia no tenía una nariz famosa y Eloísa no escuchaba “voces”, por eso son tan poco conocidas. Lo más triste es que, como sucede con ciertos documentales, algunos tertulianos televisivos están más pendientes de las narices de las mujeres que de sus ideas y prestan más atención a las “voces” que a las palabras. Así nos va.