08 enero 2016

LA CONTINUIDAD DE LA MIRADA

“Sherlock” puede hacer todos los cortes de cámara que quiera. El Mago Pop, no. El pacto implícito que “Sherlock” firma con la audiencia reconoce a la increíble serie de la BBC el derecho a usar todos los trucos que el lenguaje cinematográfico ha creado a lo largo de un siglo de evolución artística. El pacto implícito que el Mago Pop firma con la audiencia deja bien clarito en su primera cláusula que la cámara sólo es un intermediario inevitable dada la imposibilidad de que cada espectador se encuentre a un metro de distancia del mago, pero impide taxativamente usar cortes en las secuencias o compinches que fingen ser transeúntes que pasaban por allí. “Sherlock” juega con las cámaras, presenta ángulos forzados en alguna de sus tomas o añade efectos de postproducción en las secuencias porque considera inteligente al espectador. El Mago Pop hace lo mismo en algunos de sus trucos porque nos considera gilipollas.

Siempre he adorado las historias de detectives y los trucos de magia, dos de las manifestaciones más explosivas de esa maravillosa característica humana que es el ingenio silvestre. Está perfectamente permitido que Sherlock -ayer pudimos ver en TNT el capítulo cero de una cuarta temporada que no llegará hasta dentro de un larguísimo año- juegue a mezclar épocas históricas siempre y cuando nos explique inequívocamente cómo fue posible que Emilia Ricoletti se suicidara delante de todo el mundo por la mañana y asesinara a su marido por la tarde. Y está totalmente prohibido que el Mago Pop -laSexta nos ofreció en la noche de Reyes un penoso especial titulado “La gran ilusión”- pida una llave y el cable de unos auriculares a un desconocido paseante, acerque la llave al cable, corte disimuladamente el plano y la llave aparezca después enganchada en el cable entre los gritos de asombro de los presentes. “Sherlock” respeta lo fundamental en el género detectivesco, que es la continuidad de la racionalidad. Y el Mago Pop viola lo más sagrado de la magia televisiva, que es la continuidad de la mirada.