04 enero 2016

¿POR QUÉ NO ME ABRAZAS?


El rey Juan Carlos I debe hacerse amigo personal de Nicolás Maduro. Pero ya. Para ello es necesario que los telediarios comiencen a bombardearnos con noticias sobre la estrecha amistad que existe entre ambos personajes como reflejo del cariño que se profesan el pueblo español del reino de España y el pueblo venezolano de la república bolivariana de Venezuela. Pero sobre todo hace falta que “Audiencia abierta” dirija y difunda la operación.

Por eso “Audiencia abierta” debe dejar de ser lo que es: un pesado programa minoritario que emite La 2 al final de la mañana de los sábados con el que dormir una presiesta de media horita viendo un caro e ineficaz publirreportaje sobre los aburridos actos oficiales a los que asistió la Familia Real esa semana. Es necesario que, en lugar de eso, lance esta operación como una cortina de humo que distraiga a los españoles del constante escándalo que supone la gran amistad y afecto existente entre nuestra divina dinastía y la dinastía divina saudí, escándalo ahora agravado con las 47 penas de muerte ejecutadas simultáneamente el pasado sábado en un país como Arabia Saudí en el que no hay ningún tipo de garantías democráticas.

Dedicar “Audiencia abierta” a ensalzar la amistad con Maduro puede no parecerles demasiado apropiado, pero una cortina de humo tiene que ser audaz y sorprendente, y, sin duda, semejante relación es agüita comparada con la actual, en la que las dos familias reales se cruzan regalos tan inconvenientes como safaris gratis para cazar elefantes con chica incluida rematados con visitas privadas como las dos que realizó Juan Carlos a principios y a finales de 2015 para ser homenajeado y agasajado  por su gran amigo el rey Salman bin Abdelaziz. Un rey que empieza el año con sangre, pero que ya el año pasado se estrenaba en el trono firmando la decapitación de 153 personas, superando las 88 ejecuciones decretadas en 2014 por su hermano, el amigote y fallecido rey Abdalá bin Abdelaziz. Eso sí, para que la cortina de humo funcione hay que pensar cómo podría acercarse Juan Carlos a Maduro de forma campechana y sin levantar sospechas.