13 enero 2016

CARLES BUENAFUENTE Y ANDREU PUIGDEMONT


Te has pasado, Buenafuente. Te has pasado. Una cosa es currarse la vuelta al late diario en Movistar+ con presupuestos de superproducción, y otra es involucrar a la mismísima presidencia de la Generalitat en la promoción de tu nuevo programa. Se rumoreaba que estabas preparando algo muy grande, algo de lo que se iba a hablar durante mucho tiempo, y aun así nadie podía imaginar  la magnitud de tu gamberrada. Y eso que rápidamente se le vio el plumero al pastel: nada más que apareció en pantalla Carles Puigdemont durante la tarde del domingo en laSexta para ser investido como nuevo president, mi hija y las redes sociales -por ese orden- clamaron al unísono: “¡pero si ése es Buenafuente con peluca!”. Aunque el contenido del discurso del candidato y el apoyo posterior de la CUP a un candidato de Convergència parecía confirmar que estábamos ante una promo de “Late Motiv”, nadie se atrevía a asegurarlo dado el nivel intrínseco de sitcom en el que lleva instalada la política catalana desde hace mucho tiempo.

Hasta que finalmente lo confesaste en el estreno de tu nuevo late -muy prometedor, vamos a darle un par de semanas de rodaje antes de escribir un análisis en profundidad-. Carles Puigdemont era un personaje creado por ti, como en su día creaste a Andro Rey o a Andreu Jamón Serrano. Anna Gabriel había sido cosa de la Silvia Abril haciendo evolucionar su personaje a partir de la niña de Shrek y ayudada por el equipo de caracterización de "Tu cara me suena". Oriol Junqueras era Javier Coronas con otro corte de pelo. Artur Mas era el único que era Artur Mas. Y, curiosamente, eso no tranquilizó a la audiencia, sino que la hizo entrar en pánico. Si tú puedes ser el presidente de la Generalitat, ¿quién nos dice que tú no eres un personaje creado por Carles Puigdemont, que es el verdadero presentador de “Late Motiv”? ¿Cómo vamos a ver ahora tu nuevo talk show sin sentirnos desasosegados e inquietos? Como en “El príncipe y el mendigo” de Mark Twain, el monarca y el bufón son intercambiables sin que nadie note la diferencia: dos gemelos separados al nacer que han optado por diferentes caminos en el mismo mundo del espectáculo.