07 septiembre 2016

CICLISMO EN LA 2


En la decimoquinta etapa de la Vuelta a España, noventa y un ciclistas llegaron fuera de control, con más de cincuenta y tres minutos de retraso sobre el ganador. Según el reglamento, esos “esforzados dela ruta” deberían ser expulsados de la carrera, con lo que la “serpiente multicolor” quedaría reducida a setenta y un ciclistas. La ley es dura, pero se vuelve un poco más blanda cuando se trata del mundo del espectáculo. Y el ciclismo, como la Fórmula 1, el tenis o el fútbol es espectáculo o no es nada. El jurado técnico de la Vuelta recalificó a todos los ciclistas que llegaron fuera de control y les permitió tomar la salida al día siguiente. Moraleja: si un ciclista en apuros no quiere ser expulsado de una carrera, lo mejor que puede hacer es encontrar a noventa compañeros que estén dispuestos a llegar a la meta fuera de control. Mal de muchos, relajación de le ley. Los ciclistas saben esto, y los bancos, y los programas televisivos.

Cuando la audiencia de un programa entra en los índices de audiencia fuera de control, su mejor opción para sobrevivir es confiar en que otros programas de la carrera lleguen también fuera de control y, de esta manera, conseguir que el Gran Programador le permita tomar la salida al día siguiente. A una serie o un concurso se les puede atragantar una etapa en los Pirineos, como les ocurrió a los noventa y un ciclistas en la Vuelta, pero la audiencia es caprichosa y la mala etapa de hoy puede dar paso mañana a una gran etapa. Un estreno en la Vuelta de septiembre, el Tour de la nueva temporada o el Giro de la programación fracasará si está solo en la derrota, y tendrá una segunda oportunidad si otros estrenos le acompañan en su desfallecimiento. Así, la vuelta de “La voz” (Telecinco), el retorno de “Granjero busca esposa” (Cuatro) o el regreso de “Olmos y Robles (La 1) necesitan, más que ganar la primera etapa, no entrar solos fuera de control. Otra cosa son los programas que corren en La 2, una cadena que siempre está fuera de control y que permite pedalear con menos agobios. Por eso me gustaría que “Destino de película”, el programa de viajes cinéfilos de Màxim Huerta, se estrenara en La 2 y no en La 1. No es que desconfíe de las fuerzas de un programa que nos llevará a un Londres, París, Roma o Nueva York de película, pero la idea es tan buena que merece pedalear en una cadena en la que los ciclistas pueden correr mirando el paisaje y no los índices de audiencia. Hay vida (y ciclismo) más allá de la Vuelta, el Tour y el Giro.