03 septiembre 2016

GLORIA VANA ES LA VANAGLORIA


Iba todo mal, pero después empeoró. Iba todo mal la mañana de anteayer cuando el director de TVE, Eladio Jareño, y el director de Informativos, José Antonio Álvarez Gundín, presentaban en rueda de prensa en Torrespaña la nueva temporada de los Servicios Informativos de TVE. En directo, cuatro gatos teníamos la santa paciencia de ver en el Canal 24 Horas cómo precisamente un acto que debía transcurrir con la asepsia descriptiva propia de los servicios informativos de una cadena pública –y que demostrara así que las acusaciones que se les hace de manipulación y partidismo son falsas– se convirtió en un vergonzante desfile en el que, obedientes, las principales caras de los informativos de la casa competían con sus jefes y entre ellos por ponernos más colorados viendo de qué manera se dedicaban elogios, se ponían medallas y hacían que el autobombo resultara atronador.

Afortunadamente, después la cosa empeoró. Uno de los presentadores sufrió un lapsus con tantas capas que si lo pilla Sigmund Freud le dedica un revelador libro así de gordo (seremos generosos: vamos a conceder que los libros de Freud revelan algo, a callar qué presentador fue y a suponer que de verdad se trató de un lapsus). Entre tanta autocomplacencia, al pobre presentador se le escapó decir “Me vanaglorio”. Ay, ay, ay; no tiene escapatoria.

“Jactarse del propio valer u obrar” es, según la RAE, el significado de la gloria vana de vanagloriarse. Y si “jactarse” es “alabarse excesiva y presuntuosamente, con fundamento o sin él y aun de acciones criminales o vergonzosas”, “vano” da a elegir entre varias acepciones a cual más peligrosa: “Falto de realidad, sustancia o entidad; vacío y falto de solidez, inútil, infructuoso o sin efecto; arrogante, presuntuoso, envanecido; insubsistente, poco durable o estable; que no tiene fundamento, razón o prueba”.

Queda claro: no solo el artículo de hoy es estupendo, sino que esta nueva temporada vamos a pasarlo en grande.