22 septiembre 2016

JÓVENES Y RICOS, QUÉ ASCO


Hombre, pues a mí no me parece tan mal que una tele pública emita un asqueroso ‘docu-reality’ como el italiano “Giovani e ricchi” (“Jóvenes y ricos”, RAI 2). En Italia sí que se está montando jaleo porque no le ven el servicio público por ningún lado a una mierda de programa que consiste en mostrar la vidorra vergonzante y las opiniones estomagantes de un puñado de niños pijos menores de 30 años atrapados dentro de sus ombligos que viven la vida a tope porque papi tiene muchísimo dinero pero es tonto del culo, así que lo paga todo. Pues lo dicho, que a mí no me parecería tan mal que TVE emitiera algo así.

Pero con dos condiciones. La primera, que si La 2 emitiera aquí “Jóvenes y ricos” no lo hiciera con el sentido que le quiso dar la directora de la RAI 2, Ilaria Dallatana, cuando para defenderse de que a aquello no se le ve el servicio público por ningún lado dijo: “La mirada es documental. No se cae en la exaltación ni en la burla de estos chicos ricos”. ¿Que qué? ¿Que cómo qué? Ante una chica rica que dice: “Podría enamorarme de un pizzero, pero duraría poco porque no podría estar nunca a mi altura” solo cabe una actitud: el desprecio. Ella empezó primero y la tele pública debe enseñarnos que eso está mal. Ante quien añade: “No he hecho nada de lo que avergonzarme. Todo lo que tengo es gracias a mí misma y a mis padres” solo cabe una actitud: la burla. Ella empezó primero y la tele pública debe enseñarnos que eso está mal.  Y ante quien remata asegurando de sus más de 250 pares de zapatos, los favoritos son unos de 4.700 euros, solo cabe una actitud: la vergüenza. Ella no empezó primero y la tele pública debería enseñarle que eso está mal porque debería sentirla.

La segunda condición es que si La 2 emitiera aquí “Jóvenes y ricos”, debería fracasar. Valdría la pena emitir una birria semejante si no tuviera audiencia y se evidenciara que nadie presta atención a tanto exhibicionista, que nadie admira a quien pretende ser admirado, que nadie abre la boca ante quien quiere dejarnos boquiabiertos. Pero eso ya no sería tarea de la tele, eso sería tarea nuestra. Y da miedo pensarlo.