06 octubre 2010

HUMANOS Y BALLENAS


Cuando vi a Boris Izaguirre anunciando el estreno de “Humanos y divinos” (lunes, TVE), me acordé de Jack Aubrey, el capitán del HMS “Surprise” interpretado por Russell Crowe en la película “Master and Commander”. El capitán Aubrey quiere dar caza al buque de guerra francés “Acheron”, mucho mayor, más rápido y con más cañones que el “Surprise”, y para ello ordena camuflar su barco como si fuera un inofensivo ballenero inglés. El “Acheron” cae en la trampa y los franceses son derrotados. Pensé que Boris estaba utilizando el mismo truco que el capitán Aubrey, y por eso nos presentaba “Humanos y divinos” como si fuera un inofensivo ballenero dedicado a la pesca de tranquilas entrevistas y suaves tertulias. Pensé que el capitán Izaguirre terminaría bajándose los pantalones mientras entrevistaba a Raphael, o que se pondría a dar gritos hasta convertir a Álex de la Iglesia en un pobre gnomo asustado, o que se subiría encima de la mesa en la que Imanol Arias, Juan Echanove, Myriam Gallego y la gran Pepa Fernández posaban sus manos. Me equivoqué.

Resulta que “Humanos y divinos” es en verdad un ballenero, y no un buque de guerra. Boris ya no es aquel tipo excesivo y gritón que trabajaba como bufón en “Crónicas marcianas”, sino un señor elegante, discreto y sensible que deja que los demás hablen sin que parezca que lo hace. Además, y lo digo con alivio, “Humanos y divinos” tiene mucho de humano y poco, o casi nada, de divino. En el primer programa nos enteramos de los problemas de Raphael con el mini-bar y de que Álex de la Iglesia ha decidido dejar de cenar, y la tertulia giró en torno a cuestiones como la comida, la cama o las redes sociales. Todo muy humano. Que Boris Izaguirre haya conseguido controlar sus incontrolables ataques de divismo es una buena noticia para el mundo del espectáculo, y que “Humanos y divinos” se ocupe de cuestiones tan humanas como el mini-bar o la comida es una excelente noticia para las noches televisivas de los lunes.

El capitán Izaguirre nos invita a viajar en su barco ballenero, sin trampa ni cartón. Creo que podemos embarcarnos en “Humanos y divinos” sin miedo a terminar envueltos en una batalla a cañonazos. Otra cosa es que nos guste pescar ballenas.