20 octubre 2010

LA COLETA DE FU MANCHÚ

“True Blood” (lunes, Canal +) es una serie de vampiros sólo si “Guerra y paz” es una novela que trata sobre Rusia o Pericles un político griego. Bon Temps es una ficticia ciudad de Louisiana donde pasan cosas raras sólo si Napoleón era un tipo que llevaba sombreros ridículos o Neil Armstrong un señor al que le gustaba pasear por sitios extraños. La jerarquía vampírica de “True Blood” es inquietante sólo si la jerarquía del Ku-Klux-Klan es original o la jerarquía de la iglesia católica es piramidal. En resumen, decir que “True Blood” es una serie de vampiros, que en Bon Temps pasan cosas raras y que la jerarquía vampírica de la que forma parte Bill Compton es inquietante no es decir casi nada.

Eso sí, la tercera temporada de “True Blood” parece dispuesta a seguir añadiendo metros de altura al Everest de las series televisivas en el que vivimos desde hacer unos cuantos años. Esta ascensión creativa terminará algún día, y entonces echaremos de menos a los chicos de “Mad Men”, a la agente Olivia Dunham de “Fringe”, a la antropóloga forense Temperance Brennan de “Bones” o a la abogada Patty Hewes de “Daños y perjuicios”, como ya echamos de menos a Jack Bauer, a Tony Soprano o a los supervivientes del vuelo 815 de Oceanic Airlines. Mientras llega ese día, debemos aprovechar el momento, como recomendaba el poeta romano Horacio, y disfrutar no sólo con los vampiros de “True Blood”, las rarezas de los habitantes de Bon Temps y la inquietante jerarquía vampírica en la que cabe desde la reina Sophie-Anne al sheriff de la Zona 5 Eric, sino también con el sexo, la sangre, la música, las sorpresas argumentales y las ricas lecturas de una serie que se ha alejado del culebrón perverso (en palabras de Diego A. Manrique) que tanto nos fascinó en la primera temporada para llegar a no tengo ni idea dónde.

La sintonía de “True Blood” es “Bad Things”, una canción del músico country Jace Everett. En efecto, en “True Blood” vemos y escuchamos muchas “cosas malas”, aunque turbadoramente bellas, como la coleta que pende del cráneo afeitado de Fu Manchú. Y eso es lo bueno.

1 comentario:

Sea dijo...

Totalmente cierto, esa serie de la típica historia de vampiros asesinos, o los vampiros dulces dulces como el azúcar que entran caries de solo ver a las adolescentes con sus camisetas y carpetas que tanto se llevan ahora tiene poco.
Aunque, que sabré yo, no he podido ver la serie porque tenía que estudiar para mi examen de filosofía.
Un beso muy grande