24 julio 2012

LIMONADA DE NADA


Si la vida te da limones, haz limonada. Vale, pero tampoco te pases y quieras convencer a todo el mundo de que la limonada es una de las siete maravillas del mundo, lo mejor de lo mejor, lo más chupiguay. Telecinco, por ejemplo, batió el miércoles pasado un curioso récord: fue la primera vez que una cadena lideró el horario de máxima audiencia con una audiencia mínima: la serie americana “Blue bloods” fue la opción más vista de la noche aunque apenas alcanzó un diez por ciento de cuota de pantalla (la miseria con la que tenía que conformarse La 2 hace unos años, cuando empezó esta locura de competencia entre cadenas). Telecinco se apuntó el tanto del día, pero al menos no hizo declaraciones altisonantes poniéndose una medalla. Hay quien no tiene ese cuidado.

Almudena Cid, gimnasta en el pasado y actriz en el futuro (eso quisiera ella), intenta lanzar su carrera ganando presencia en los medios como comentarista de TVE en los Juegos Olímpicos. Como no hay un duro, aceptó hacer limonada con el sueldo de cero euros que le ofrecieron, pero, para más inri, proclamó orgullosa que no iba a cobrar un duro: “No pasa nada”. Es tan hermoso descubrir que por debajo de la figura del becario aún puede haber categorías laborales inferiores. Solo falta esperar a ver si sus comentarios son tan lucidos como los trajes olímpicos españoles, que también salieron gratis.

Otra que está orgullosa de su limonada es la ganadora que no recuerda nadie de la primera edición del concurso “Factor X” que no recuerda nadie. María Villalón sobrevive de camarera en un McDonald’s y cree que cada hamburguesa la acerca más a publicar su tercer disco. ¿No habrá tenido bastante con dos fracasos? ¿Por qué todo el mundo que canta un poco bien (recordemos que el 50 por ciento de la población canta mejor que la media, la matemática es implacable) quiere demostrarlo todo el rato y quiere vivir de eso?  En cualquier otra habilidad humana hay un 50 por ciento de población que es mejor que la media, pero al menos no se da esa obsesión y pesadez por hacer limonada con ella y pretender que los demás nos la bebamos.