30 julio 2012

FONENDO VOY, FONENDO VENGO


Joey Tribbiani, el menos tímido y más ligón de la serie “Friends”, lo tuvo fácil para triunfar interpretando al doctor Drake Ramoray gracias a un tímido médico francés que vivió hace 200 años. Como a René Théophile Hyacinthe Laënnec le daba vergüenza acercar el oído al pecho de las pacientes, se le ocurrió interponer un tubo entre su oído y el pecho que mantuviera una distancia prudente durante la auscultación. Así inventó el estetoscopio o fonendo, el chisme que, colgado al cuello, permitía a Joey transformarse en el Dr. Ramoray. Bueno, a Joey y a cualquier actor que tenga que interpretar a un médico: en la tele o el cine basta ver a un personaje con un fonendo al cuello para saber que estamos ante un galeno. No hay atrezo más sencillo, barato y eficaz.

Pues se acaba el chollo. Cada vez se está implantando más el uso de teléfonos inteligentes con aplicaciones que suplen y mejoran las prestaciones del entrañable pero viejito y caduco fonendo. Y a ver cómo se van a hacer ahora las series de médicos si lo que tienen que llevar ahora los doctores es un teléfono móvil como los enfermeros, como los enfermos, como todo el mundo. Y a ver ahora cómo las nos vamos a arreglar los espectadores para entender de un golpe de vista quién es quién es una escena de pasillo en “Hospital Central” si estamos acostumbrados a que los médicos lleven fonendo hasta en la ducha.

Ese es el reto. Cuando seamos capaces de ambientar una película en Egipto sin que salgan pirámides, en París sin la Torre Eiffel, en Grecia sin columnas, en Venecia sin canales y en Nueva York sin Miss Liberty; cuando sepamos hacer películas de Navidad sin nieve, de Semana Santa sin leones devorando cristianos y de verano sin olas, será entonces cuando habremos alcanzado tal sofisticación que estaremos en condiciones de hacer películas y series de médicos en las que los galenos no lleven al cuello ese chisme que inventó un médico tímido hace dos siglos.